14 de febrero de 2010

Aumento de penas a menores de edad: el eterno (y aburrido) retorno de la retórica punitiva

Un supuesto sentido común -muy distorsionado, por cierto- sumado a la falta de originalidad, han llevado a revivir y dar vigencia, con mucha fuerza, un difundido discurso punitivo a ultranza como alternativa frente a la situación de la inseguridad. Tal como lo dije en el post previo: aunque comprensible por el contexto, no es justificable en sus propuestas y consecuencias.

Los discursos histéricos más peligrosos son los que llaman a la creación de grupos de exterminio o a la toma de justicia por mano propia, pasando por la búsqueda de caudillos autoritarios que “solucionen” el problema. Los más recatados piden la eliminación u omisión de los estándares normativos de derechos humanos, como obstáculo para la eficacia en las labores de la seguridad pública y la justicia penal, así como el endurecimiento de las normativas penales.
Vamos a esto último: recientemente, diversos actores sociales se han dado a la plausible tarea de elaborar propuestas en materia de seguridad pública como versiones alternativas al plan gubernamental. Diputados de la Asamblea Legislativa y otros actores políticos también se han puesto a ello. Sus propuestas se orientan a impulsar reformas legales de endurecimiento penal, aumento de penas, restricciones de libertad, criminalización de agrupaciones pandilleriles, etc. En resumen, populismo punitivo.
Lo que estos actores parecen no recordar es que todo eso ya se hizo, por obra y gracia de ellos mismos y lejos de solucionar el problema, se creó un nudo gordiano de difícil resolución: el ánimo punitivo no solucionó ni redujo la violencia, por el contrario, la complejizó, saturó las cárceles de personas y ahora, el sistema penitenciario se ha convertido en un problema de seguridad pública: según fuentes policiales, el 80% de las extorsiones salen desde esos establecimientos y según las mismas fuentes, los ingresos en circulación de las mismas llegan a contarse por millones de dólares. 
La devaluación de la cárcel por la hiperpenalización de conductas y la falta de mecanismos de regulación del crecimiento penitenciario no son sostenibles ni en términos de seguridad ni en términos presupuestarios. Si la tendencia de crecimiento penitenciario continua, al fines de 2010 habría 25 mil adultos privados de libertad, agravando las posibilidades de manejo de este conflictivo campo de la justicia penal. A este ritmo de crecimiento habría que invertir con periodicidad millones de dólares en construcción de nuevas cárceles y en alimentación de privados de libertad.
Tras una serie de hechos violentos de gran resonancia social que han involucrado a menores de edad. Los diputados han  lanzado un peligroso anuncio al aprobar un decreto por el cual se aumentaría la penalidad máxima de internamiento para los menores de edad en conflicto con la ley penal de 7 a 15 años, para los mayores de 16 años. El diputado Guillermo Gallegos se quejaba en el noticiero que lo ideal es que fuesen 30, 40 años o para siempre, pero que no se puede por respeto a tratados de derechos humanos.
Es importante destacar que esta reforma apenas llevó una semana como propuesta en la Asamblea Legislativa y se aprobó sin mayor consulta con otros actores. También debo decir que la sociedad civil no reaccionó de manera oportuna ante la propuesta, generando un margen de permisibilidad para la decisión legislativa, en un cuerpo normativo que, a diferencia de la legislación penal para adultos con cientos de reformas, había soportado con entereza otras iniciativas de endurecimiento.
Los argumentos para dicha reforma han sido, como se dijo, la participación de los menores de edad en hechos violentos y la necesidad de enviar un mensaje que desaliente dichos ánimos criminales. Otros apelan desde los juicios morales contra la crueldad innata de estos jóvenes sin salvación. El absurdo elevado a la categoría de sentido común o –como diría Wacquant- sensatez penal. Ahora resulta que, vuelven a tomar del cajón de las ocurrencias, la empolvada idea de leer la Biblia en las escuelas por decreto, de la que, incluso, la mismísima Iglesia católica se ha desmarcado en su momento.
Todo esto ya lo hemos oído. Otros, los detractores, salen al ruedo a señalar el origen social de la violencia, que las penas por sí solas son inútiles si no hay investigación efectiva ni instituciones de seguridad y justicia fortalecidas, que se agravará la situación del sistema, etc. 
Es como si el “debate” se repitiera una y otra vez. Lamentablemente, en la política, particularmente en el ámbito legislativo, existe una competencia por figurar y lograr réditos, muchas veces, sobre la base de la ocurrencia fácil y a la ligera. Lo triste del asunto es que vendan la idea como el nuevo traje del rey y muchos crédulos la sigan. Otros ven la desnudez del rey, pero callan para evitar pasar un bochorno.
En cualquier organización seria, los debates agotados deberían archivarse y proponer unos nuevos. No reciclar viejas ideas una y otra vez, sobre todo, si éstas ya demostraron en la práctica sus limitados alcances y sus efectos perversos, complejizando el problema que dicen abordar.
Y aunque resulte un tanto agobiante tener que repetir los argumentos contra medidas como el aumento de penas a menores de edad, los señores y señoras diputados sostienen que con esta medida disuadirán a los menores de edad de cometer hechos ilícitos.
Contra eso, solo quisiera señalar la ingenuidad o ignorancia manifiesta de ese argumento, pues obvia el dato de que, en general, en las estadísticas de la clientela del sistema penal, los menores de edad regularmente oscilan entre un 5 -10% del total de casos delictivos registrado oficialmente. Por otro lado, la violencia pandilleril en particular, no se limita a menores de edad, y éstos son la última escala de la cadena en un contexto en el que la violencia juega un papel fundamental para la manutención de la disciplina. Es decir, se agravan las penas para el más chiquito.
Poco o nada dicen los impulsores de esta reforma sobre la manipulación o coacción de adultos sobre estos menores para cometer hechos delictivos o sobre la forma de intervenir en la salud mental de estos adolescentes que han participado en graves hechos de violencia.
Quien olvida la historia está condenado a cometer los mismos errores y, al aumentar la penalidad y restringir las posibilidades de salida de los menores en internamiento, lo que se hace es aumentar el resentimiento y la posibilidad de tener personas sin una inserción adecuada, lo que conlleva a generar recurso humano para el crimen.
El Presidente Funes lamentó que para dicha decisión no se consultara a su gabinete de seguridad. La Secretaria de Inclusión social también lamentó la falta de debate de esta medida y el Director del Instituto Salvadoreño de la Niñez y Adolescencia, señaló lo inadecuado del control penal como alternativa para tratar el fenómeno de jóvenes en violencia. Ahora la pelota está en la cancha del ejecutivo, a la espera de que éste sancione, vete u observe el decreto. El Presidente ha anunciado la conformación de una comisión especial para analizarlo, de la cual estaremos pendientes en los próximos días.

10 de febrero de 2010

Sobre los rumores de grupos de exterminio y el papel de los medios de comunicación

 (...) se multiplican los asustados, y los asustados pueden ser más peligrosos que el peligro que los asusta." Eduardo Galeano, Patas arriba: la escuela del mundo al revés, Siglo XXI, Madrid, 1998. Pág. 115.
Quisiera detenerme en los difundidos rumores en la actualidad sobre la existencia de grupos de exterminio como una exacerbación de los ánimos punitivos frente al fenómeno de la inseguridad actual, por la vía extrema de la violencia ilegal. Una reacción social de este tipo es, hasta cierto punto, previsible en un contexto como en el que vivimos, pero lo comprensible del asunto no implica la justificación de sus consecuencias.

Con el tema de los grupos de exterminio hay que ir con cuidado, separando el trigo de la paja: en el pasado, organismos de derechos humanos como FESPAD o Tutela Legal del Arzobispado, denunciaron y documentaron la existencia de ejecuciones sumarias en contra de presuntos delincuentes o pandilleros, las que podrían haber sido ejecutadas por grupos de exterminio, ciudadanos particulares o miembros de instituciones estatales, en las cuales se denunciaba la poca o nula investigación oficial. La actitud de estos organismos fue de rechazo a dichas prácticas criminales y de exigencia de justicia para sus víctimas, así como de denuncia de la negligente o nula atención gubernamental.

Sin embargo, ahora el tema es retomado por diversos medios de comunicación en un contexto completamente diferente: las dos masacres de jóvenes registradas (Suchitoto y Tonacatepeque) a diferencia del contexto previo, sí tienen una investigación oficial en curso en la que se han desplegado unidades especializadas tanto de la PNC como de la Fiscalía, por lo que no se puede señalar inacción del estado. Dichas investigaciones muestran algunas pistas que no conducen, necesariamente, por el momento, a la hipótesis de los grupos de exterminio para ambos casos, aun y cuando, debido al nivel de avance de las investigaciones, no sea descartable.

En el caso de Suchitoto, dos de los jóvenes asesinados tenían antecedentes pandilleriles, lo que podría dar paso al móvil de un ataque rival o de un grupo de exterminio. El ataque de otra pandilla parece tener más sustento. En el caso de Tonacatepeque, ninguno de los asesinados ni heridos tiene antecedentes de ese tipo, lo que pone en duda la hipótesis relativa a un grupo de exterminio de delincuentes.

Pese a la falta de certeza, hasta el momento, de los móviles de ambos casos, diversos medios de comunicación han desatado, con mucha ligereza, una ola de especulaciones orientadas a favorecer la hipótesis del grupo de exterminio para provocar su colocación en la agenda informativa. El enfoque actual tiene, desde mi perspectiva, más morbo mediático que una exigencia seria de justicia. Lo anterior, puede tener consecuencias lamentables, pues contribuye a mantener y aumentar el clima de inestabilidad e inseguridad subjetiva de la población, aumentando su ansiedad y estrés, forjando la imagen que se ha llegado a una situación límite en la que rigen las leyes de la selva y que corra cada quien por su vida. Algunos “analistas” o presentadores de noticias filtran en sus intervenciones –con dramatismo e ignorancia- la categoría “estado fallido” refiriéndose a la situación del país.

En resumen, no se trata aquí sobre aceptar o rechazar la hipótesis sobre la existencia de grupos de exterminio, sino que antes, debe verificarse la calidad de la información disponible, el enfoque que se le da, las reacciones y consecuencias que estimula.

Contribuir al incremento de la sensación de inseguridad tiene consecuencias en el análisis de riesgo de país, tan importante para algunos sectores económicos empresariales para poder ser competitivos y para la atracción de inversión extranjera. También al devaluar la confianza en las instituciones, se atenta contra la eficacia de las mismas al no contar éstas con respaldo social.

Basta leer las secciones de comentarios de los lectores en diferentes medios escritos por Internet y se encuentran abundantes posiciones a favor de este tipo de respuestas violentas y criminales a la inseguridad. En esto, los medios de comunicación tienen una tremenda responsabilidad ética: en nombre de la libertad de expresión pueden terminar convirtiéndose en plataformas o espacios para la promoción de actividades delictivas mediante la instigación y apología del delito que se genera en sus secciones de comentarios por los énfasis de sus agendas informativas. Lejos de contribuir a promover la paz, promueven, por acción u omisión, la violencia.

El punto no es esconder los cadáveres bajo la alfombra. Debe haber un equilibrio entre la libertad de expresión, la libertad de prensa y las necesidades sociales de contención de la inseguridad. Los medios deben seguir jugando su papel contralor y de exigencia frente a las autoridades y deben proporcionar a la población, con objetividad, la mejor calidad de información posible para un debate ciudadano abierto y fundamentado sobre la cuestión de la inseguridad. Si se magnifican rumores y se promueve el alarmismo, todos perdemos.

El efecto más peligroso e inmediato de estos manejos informativos, es el estímulo de este tipo de respuestas violentas a la inseguridad. La generación de un contexto de incertidumbre y la insistente presencia del tema de los grupos de exterminio en los medios, puede llevar a que ciudadanos opten por realizar este tipo de actividades, o que quienes se sientan amenazados por estas acciones, opten por un incremento de la violencia como respuesta.

Hay otros datos que merecen atención: en los últimos días, han circulado diversos correos electrónicos calzados por supuestas organizaciones dedicadas al exterminio de delincuentes (Fuerza Anti Delictiva Organizada Civil Armada, FADOCA; otra llamada Calle Negra) así como también hojas volantes que anuncian la existencia y actividad de estas agrupaciones distribuidas en diferentes municipios del país durante el fin de semana (Soyapango, Ciudad Delgado, Olocuilta)

La concentración temporal de estas comunicaciones y la variedad de agrupaciones que se anuncian, lejos de hacer creíble la cuestión como algo espontáneo, terminan generando la sospecha de que existiría una iniciativa específica y planificada, como un recurso ingenuo para intimidar a otros actores violentos, o, en el peor de los casos, para genera incertidumbre y miedo en la población y desafiar o devaluar los anuncios gubernamentales en materia de seguridad.

Si en un dado caso, se verificara la actividad de estos grupos, es necesario plantear una reflexión sobre las consecuencias de su existencia. Algunas de estas prácticas tienen reconocimiento social por parte de algunos sectores conservadores y populares. “Muerto el perro, se acaba la rabia” piensan. No consideran la espiral de respuestas violentas que ello puede acarrear.

Esta percepción, originada en la desesperación de la ciudadanía, pero también en arraigadas visiones autoritarias, se derrumba cuando grupos de estos supuestos “justicieros”, altruistas perversos, se revelan como lo que son: grupos criminales que más que hacer un favor a los demás, operan por intereses propios como, por ejemplo, la eliminación de la competencia y regulación del mercado criminal. Estos grupos, eventualmente se vuelven en contra de quienes en principio les apoyan. La experiencia de los justicieros en diversas ciudades de Brasil o las acciones de los paramilitares en Colombia o Guatemala, que terminan sometiendo y gobernando las comunidades donde operan,  son dramáticos ejemplos de esto.

Estas prácticas generan un ambiente de mayor violencia, impunidad y corrupción que debilitan aún más las capacidades del estado de servir a la población en el respeto y garantía de sus derechos y solamente fortalece a poderes subterráneos y fácticos, como el crimen organizado, lo que claramente atenta contra la democracia, el Estado de Derecho y la seguridad de los habitantes.

Datos del Sistema Penitenciario y población privada de libertad en El Salvador 2004-2009

A continuación comparto un consolidado de estadísticas penitenciarias básicas de El Salvador de los años 2004-2009. Hacer clic sobre las imagenes para agrandar.

 
Vamos a lo obvio: la población penitenciaria ha crecido de manera acelerada en los últimos años. En 2006 inició un crecimiento que supera con creces a los años previos. En promedio, la población penitenciaria se ha incrementado en dos mil personas por año desde entonces, lo que no ha coincidido con el volumen de capacidad instalada del sistema penitenciario que apenas pasó de 7,372 a 8,110 cupos, los cuales se mantienen en la actualidad (aunque hay dos procesos de ampliación de infraestructura en curso que ampliaría la capacidad instalada) Si la tendencia continua, en cinco años (2005-2010) se duplicaría la población penitenciaria.

Para las tasas de adultos privados de libertad respecto de la población se ha utilizado la tabla de conciliaciones y proyecciones demográficas de los censos 1992 y 2007. Quiere decir pues, que los datos utilizados son los ajustes a las proyecciones poblacionales 1992-2006 a partir de la información obtenida en el censo 2007, del cual se extraen las proyecciones para los años 2008 y 2009.

La tasa de adultos privados de libertad sigue siendo de las más altas del continente. El Salvador se coloca, según el World Prison Population List (8th edition) en el 39% de paises que superan la tasa de 150 privados de libertad por cada 100 mil habitantes. 

Por último, un vistazo al comportamiento del estatus jurídico de la población privadad de libertad: en general, se ha registrado una baja en el porcentaje de personas condenadas respecto de un aumento de las personas en detención provisional (procesadas), aunque con un ligero cambio de tendencia en 2009.

La lamentable situación de la población penitenciaria se ha debido a la adopción de medidas político criminales que enfatizaron el endurecimiento en la ejecución de la pena y en el procesamiento de personas sospechosas como: el cierre de alternativas a la prisión para varios delitos, el aumento desproporcionado de las penas, el recorte de beneficios penitenciarios, la creación de nuevos delitos, la creación de disposiciones procesales orientadas promover el encarcelamiento preventivo (Art. 294 CPP y Ley contra el crimen organizado y delitos de realización compleja) 

Es vergonzoso que la Sala de lo Constitucional previa al cambio de 2009 haya validado disposiciones que afectan derechos fundamentales, tanto en el ámbito procesal (detención provisional automática para ciertos delitos, Art. 294 CPP), como en el penal (Duración de la pena hasta 75 años, cierre del acceso a beneficios penitenciarios y el inhumano régimen de los centros de máxima seguridad, Art. 103 Ley Penitenciaria)

En la actualidad, los Centros Penales se han convertido en una prioridad de las políticas gubernamentales de seguridad, en tanto, una importante cantidad de hechos delictivos de trascendencia son fraguados y ejecutados desde centros de privación de libertad, particularmente las extorsiones que afectan a amplios grupos poblacionales. El crecimiento de la población penitenciaria ha generado una importante pérdida del control sobre la misma y ha falicitado el debilitamiento de las estructuras de seguridad penitenciaria, que se han visto afectadas por la corrupción. 

Creo que un aboradaje de la crisis en el sistema penitenciario tiene una dimensión legal: revisión  y refoirma del marco jurídico que facilita la privación de libertad de las personas sometidas a la justicia penal, y por otro lado, una dimensión institucional que implica una mayor inversión en sistemas de aplicación de la ley adecuados para atender medidas de cumplimiento en medios abiertos. Tanto con recurso humano (supervisores de cumplimiento) como a través de tecnología (pulseras con GPS para controlar movimientos de personas con restricciones ambulatorias)

8 de febrero de 2010

Laura Chinchilla y la seguridad en Centroamérica

Con datos aún no oficiales, nos enteramos que Laura Chinchilla ha sido electa Presidente en Costa Rica por un amplio margen de ventaja dado por el electorado, superando por mucho a sus principales contendientes, llegando a ser la primera mujer electa para dicho cargo en la historia de ese país.

No conozco mucho del ambiente político costarricense y opinar sobre él sería un abuso de mi parte. Pero debo decir que la Presidente electa cuenta con una amplia trayectoria en la gestión gubernamental. En la década de 1990 fungió como Ministra de Seguridad y ha estado vinculada a diversos foros políticos y académicos relacionados con la materia. Es pues una política interesante: cuenta no solo con la experiencia sino con un soporte académico importante para enfrentar los problemas que su sociedad le demanda, entre ellos, el de la seguridad, una de las principales preocupaciones de la sociedad costarricence en la actualidad.

Si bien, las distancias comparativas entre los niveles de violencia en Costa Rica y El Salvador son enormes, lo cierto es que en los años recientes, la otrora pacífica Costa Rica se ha visto afectada por el alza del delito y manifestaciones de criminalidad organizada. A diferencia de su principal contrincante, que ofrecía mano dura y liberalización en la portación de armas, ella propuso endurecer leyes, más recursos a las instituciones relacionadas con la seguridad y desarrollo de prevención social de la delincuencia.

Recientemente Chinchilla se mostraba clara del desafío regional al declarar que en Centroamérica sería la última batalla contra el narcotráfico, reconociendo que el fenómeno se ha desplazado hacia nuestros países con todo lo que ello implica, al tiempo que pidió la atención de la comunidad internacional sobre esto. Habrá que ver cuál será el comportamiento de Costa Rica en el marco de la agenda regional de seguridad, dado que dicho país se ha mantenido como observador en instancias regionales de seguridad.

Su amplia victoria muestra el acuerdo de la mayoría de la sociedad tica de continuar con la herencia de Oscar Arias, lo cual, para alguien quisquilloso como yo, tiene el mal recuerdo que Arias terminó reconociendo incondicionalmente las elecciones hondureñas luego del golpe de Estado, sin un plazo de prudencia para ver el desarrollo de los acontecimientos. Pero Laura Chinchilla es otra persona y debemos quedar a la espera de su gestión, de la cual estaremos espectantes.

7 de febrero de 2010

Sobre el lanzamiento de la Política de justicia, seguridad y convivencia

Sobre esto, debo aclarar mi posición: como persona involucrada desde 2008, en el proceso de reflexión y formulación de las propuestas de seguridad del que sería el actual gobierno, mi posición no puede ser objetiva. Este post no comenta la política en sí ni sus componentes específicos, más bien se orienta al análisis del contexto y las reacciones que se han manifestado en los medios dominantes. 

El pasado viernes 5 de febrero, el Presidente de la República, junto con su gabinete de seguridad, compartió con las gremiales de la empresa privada y con directores de medios de comunicación su política de justicia, seguridad y convivencia, que sería el marco de las principales estrategias de trabajo del sector en el quinquenio, las cuales serán presentadas a diversos actores de la vida nacional en los próximos días. 

Esta iniciativa sale al paso de las críticas que señalaban la inexistencia de un plan para abordar la cuestión de la inseguridad en el país en un contexto en que múltiples hechos violentos han marcado la agenda informativa, así como también el surgimiento de diversas propuestas de sectores empresariales en materia de seguridad. (Qué irónico, en los pasados gobiernos, la sociedad civil hacía –hacíamos- ejercicios de propuesta en materias de políticas de seguridad como contrapeso a la política oficial, ahora lo hacen los sectores que estaban al otro lado)

Me atrevo a decir que esta es la propuesta gubernamental más amplia y comprensiva hasta el momento, al incluir al conjunto de instituciones vinculadas a la seguridad y la justicia del órgano ejecutivo, así como temáticas nuevas como la atención a víctimas, un énfasis importante en la prevención social de la violencia y delincuencia y un apartado de reformas institucionales. 

Las palabras iniciales del Presidente Funes, recogidas por los medios escritos, marcan fuertemente la pauta del contexto desde el que se lanza esta política de seguridad: 
Funes reconoció que la ola de delincuencia se ha recrudecido, en gran medida como producto de las operaciones criminales de las maras, que están bien armadas, están al servicio del crimen organizado y han tomado el control de varias zonas.

Agregó que, aunque el crimen organizado ha permeado instituciones como incluso la Policía, El Salvador "está a tiempo" de evitar convertirse en un Estado fallido y que por eso se desarrolla una permanente depuración de la fuerza pública.

"Es un Estado que está siendo provocado por el crimen organizado, sin duda, pero tenemos la capacidad de respuesta y con el concurso de todos ustedes tenemos garantizada la victoria", dijo. (El Diario de Hoy, “Lanzan plan operativo anticrimen”, 5 de febrero de 2010)

El Presidente Funes ha señalado con claridad que el alza delictiva está relacionada con la respuesta dada desde grupos criminales organizados contra la acción del gobierno. Señala además el problema de la infiltración de estas agrupaciones en instituciones estatales, desde donde adormecen o sabotean las iniciativas para el control y represión de este tipo de delincuencia: es como correr una carrera de obstáculos con un pie engangrenado. Tal como lo señalan John Bailey y Matthew Taylor (2009): 

La delincuencia organizada es capaz de desafiar al Estado, no con el ánimo de asumir sus poderes, sino de alcanzar ciertos objetivos políticos. (…) la confrontación [por el crimen organizado] señala el cálculo de las organizaciones criminales, y es probable en condiciones bajo las cuales, segmentos del crimen organizados creen que el costo de tolerar las acciones gubernamentales es más alto que el riesgo de llamar la atención sobre ellos. (Traducción libre de este servidor) 

Con esta iniciativa, el Presidente Funes realizó algunos gestos políticos importantes: ratificó la confianza y dio un espaldarazo a su gabinete de seguridad y puso en el debate otras variables en la discusión sobre las políticas de seguridad, para trascender del fácil binomio impuesto por los medios de comunicación dominantes y actores políticos conservadores que establecen una falaz relación causal entre cambio de gobierno y alza de hechos delictivos. Probablemente esto es lo que no querían oír, pero es el complejo contexto de violencia que se ha generado en Centroamérica en los años recientes y que no había sido visibilizado ni tratado de manera directa. 

Un detalle que no es menor es su mención sobre las pandillas. En la nota periodística citada, les atribuye una cuota del recrudecimiento de la violencia, pero no llega a equipararlas con el crimen organizado, sino que las coloca como instrumentos al servicio de aquel. Esto, en contraposición con la agenda mediática que coloca como su delfín a Rodrigo Ávila, ex director de la PNC en pasadas administraciones, quien propugna por una nueva criminalización de las pandillas (Mano dura reloaded) y su equiparación con el crimen organizado mediante la importación de modelos legales aplicados en Estados Unidos, así como la propuesta de “toques de queda” contra las pandillas, que, dicho sea de paso, fue descartada por el Presidente al presentar esta política. 

La presentación de la política ha contribuido a cambiar en alguna medida la opinión publicada sobre la cuestión de seguridad, aun y cuando, la cobertura de la violencia sigue siendo prioridad en todos los medios.

24 de enero de 2010

Documento histórico sobre creación PNC de El Salvador

Siento mucho la falta de actualización. Para romper el hielo en 2010, les dejo el Informe de la Misión de las Naciones Unidas sobre la creación de una Policía Nacional Civil. La misión era compuesta por Jesús Rodés como jefe y era asistido por Serge Antony, Juan Manuel Mayorca, Pierre Rèmillard, Gösta Welander y Angela Knippenberg.


La teoría de las organizaciones desde Weber nos indican que el diseño original de una organización determina en gran medida su desarrollo, por ello, considero importante revisar este documento originario y contrastarlo con el estado actual de la institución. 


Saludos,

28 de diciembre de 2009

Final del Día de los Inocentes

Según los Evangelios, el rey Herodes, al no tener forma de saber qué niño nacido en su territorio era el Mesías -que según él, le destronaría-, ordenó matar a todos los niños menores de dos años. Por si las dudas. También los Evangelios relatan cómo San José fue alertado por un ángel, logrando huir oportunamente con María y el niño Jesús. Este relato tiene como fecha asignada para su conmemoración el día 28 de diciembre, conocido como el día de los Santos Inocentes.

La tradición popular ha cambiado el sentido original y lo ha convertido en un día dedicado a las bromas pesadas y los engaños para hacer caer a los ingenuos. Cuando comenzó el día tenía el buen ánimo de tomarle el pelo a mis amigos, pero falto de tiempo y concentración en el asunto, no pude urdir un plan para tal fin.

Al final del día sentía una profunda tristeza. Dos niños de 4 y 6 años murieron en Cojutepeque como resultado de la explosión de una granada que desconocidos arrojaron dentro de un consultorio médico (casualmente también había estado en un consultorio con mi pequeño durante el día) Una jovencita de 16 años fue asesinada de varios tiros en el rostro.

Según estadísticas del Instituto de Medicina Legal dicen que más de 480 menores de edad han sido asesinados en el año 2009.

El día de los inocentes no es un día para bromear.

"En Ramá se oyó una voz, hubo lágrimas y gemidos: es Raquel, que llora a sus
hijos y no quiere que la consuelen, porque ya no existen." (Mateo 2, 18) 

23 de noviembre de 2009

El silencio de El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica

Tomada de El Mundo, España.

Durante el fin de semana pasado, el periódico español El Mundo, publicó la imagen de un acta manuscrita en la cual se daba cuenta de la supuesta reunión realizada el día 15 de noviembre de 1989 en la que el entonces Jefe del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada, General René Emilio Ponce, dio la orden de eliminar a Ignacio Ellacuría y no dejar testigos. La nota señala también al supuesto planificador del crimen y a otros participantes de la reunión.

La noticia fue rápidamente publicada por ediciones digitales de otros períodicos, pero las ediciones digitales de La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, no presentan referencia alguna de ella, guardando un extraño y sospechoso silencio ante un acontecimiento noticioso importante: no todos los días se presenta un documento que puede ser prueba contundente en un juicio, máxime cuando se trata de uno de los casos más emblemáticos de la impunidad del período bélico y uno de los de mayor interés en la comunidad internacional.

¿Es normal que un periodico omita o excluya una noticia de este calibre? No, no lo es, por ello su comportamiento parece sugerir su muda complicidad con la impunidad y el ocultamiento de la verdad.

P. D.: Tanto el Gerente de Redacción y el Jefe de Redacción de La Prensa Gráfica son exalumnos jesuitas.

20 de noviembre de 2009

Militarizar la seguridad pública: un análisis desde la toma de decisiones


Hace unos días platicaba con una persona de la cooperación internacional sobre el contexto de la (in)seguridad en El Salvador. En principio era una charla informativa, pero ya entrado en confianza, esta persona, con mucho tacto, me manifestó, -palabras más, palabras menos- lo siguiente: “la decisión de Funes de sacar el ejército se ha visto muy mal en el exterior. No sé entiende cómo el primer gobierno de izquierda lo haya hecho. Uno lo esperaría si Ávila fuera el presidente, pero no de Funes.”

También me enteré de que recientemente, un conglomerado de organismos de sociedad civil de diferentes países de América Latina habría enviado una carta al Presidente Funes manifestando su desencanto por la medida asumida.

Sin duda, el Presidente enfrenta no solo rechazo a su decisión en el exterior, sino que también de sectores críticos internos, aunque estos últimos, minoritarios frente a la apabullante aprobación de la mayoría de la ciudadanía en este tema y la bendición de los medios de comunicación más conservadores, entre ellos, El Diario de Hoy, otrora bestia negra del candidato Funes, ahora, principal entusiasta de la iniciativa.

Sin duda, esta ha sido una de las decisiones más difíciles del Presidente por el enorme peso simbólico (negativo) que tiene la militarización dentro del imaginario de la izquierda. Sin embargo, su enorme capital político y aprobación social, amortiguan los costos de dicha decisión.

El Presidente fue puesto entre la espada de la presión pública, la histeria mediática y una agenda de militarización exitosamente levantada por su propio ministro de Defensa Nacional -de la cual se habría distanciado en su momento- y la pared de pagar los costos políticos de la crítica de sectores ideológicamente afines, entre ellos, la comunidad de derechos humanos, diversos intelectuales, pero principalmente, del propio FMLN. Los acontecimientos nos indican que lo segundo pesó menos que lo primero.

Las valoraciones sobre esta decisión deben de verse desde diversos ángulos. En los zapatos de la gente común y corriente de los municipios más violentos, la medida puede ser positiva en tanto les incrementa su sensación de seguridad, aún y cuando sean registrados y tratados como sospechosos en sus propios barrios y colonias. Lo mismo es válido para la gran cantidad de consumidores de noticias, afectados masivamente por la victimización terciaria generada desde los medios de comunicación.

Si nos ponemos en los zapatos del Presidente, la agenda mediática provocaba el descrédito de las instituciones de seguridad -y en consecuencia, del gobierno- y las sometía a una lógica de una crítica histérica e intensiva que, con estribillos como “hay que hacer algo ya” o “queremos resultados, no explicaciones” y con la exigencia imposible que un gobierno de pocos meses, resolviese la herencia de veinte años de fracaso en la materia, rechazaba cualquier explicación amplia y no simplista del fenómeno como presupuesto para interpretar la acción gubernamental.

Esta lógica dejaba poco margen para una adecuada transición de las nuevas autoridades y para que las instituciones se concentraran en el diseño e implementación de planes, al tiempo que se generaba un creciente y peligroso clima de incertidumbre que amenazaba la gobernabilidad misma. La histeria colectiva generada por un rumor sobre un supuesto "toque de queda" decretado por las pandillas fue demostrativo del nivel de miedo presente en la sociedad y de la falta de confianza en las instituciones.

En esta perspectiva, el Presidente debía responder a la exigencia pública y mediática de seguridad, y bajar la presión y el desgaste a su gobierno, para lo cual era necesario un gesto concreto de acción en ese sentido. Lograr estos objetivos era una cuestión estratégica.

Justo en ese momento, una bien intencionada columna del padre José María Tojeira, rector de la UCA, proponiendo el trasplante de personal militar a la PNC para incrementar el pie de fuerza institucional, seguida de una positiva valoración del Presidente sobre ésta, abrió la puerta a un efecto no deseado: la militarización de la seguridad pública.

La propuesta de Tojeira fue utilizada y distorsionada como una trampa para poner como una prioridad en agenda una participación más activa del ejército en tareas de seguridad pública, espacio en el que el Ministro de la Defensa Nacional –montado en las poderosas cajas de resonancia de los medios dominantes- tomó un rol protagónico. Nada pudieron las aclaraciones posteriores de Tojeira para detener los efectos no deseados.

Por su parte, las autoridades de seguridad pública no se pronunciaron ni a favor ni en contra de la agenda de militarización, sino que al ser abordados, remitieron la decisión al Presidente y mantuvieron una actitud disciplinada y de respeto a la autoridad presidencial.

La actuación del ministro de Defensa Nacional ponía en evidencia la falta de integración del gabinete en esta materia. El General Munguía levantó -desde el inicio de su gestión como ministro (e incluso antes)- el estandarte de la militarización de la seguridad pública.

Esta situación no es exclusiva del contexto actual, ya en la administración anterior, el entonces Ministro de Defensa, General Otto Romero, se habría expresado en términos similares sobre la iniciativa de involucrar al ejército en funciones de seguridad pública.

Adicionalmente se deben agregar a este contexto, la presencia de presiones geopolíticas para instalar este esquema de militarización de la seguridad interna de los países del área mesoamericana, zona caliente de la política norteamericana de control del tráfico de drogas y otras manifestaciones delictivas, entre ellas, las pandillas juveniles, ascendidas a la categoría de amenaza regional y transnacional.

En diversas ocasiones, el Comando Sur de los Estados Unidos ha hecho incidencia alrededor de esta agenda, la política oficial del gobierno estadounidense para el tratamiento de pandillas en el ámbito regional, incluye la participación del sector Defensa Nacional. Recientemente, el Centro Hemisférico de Estudios de Defensa Nacional, realizó en El Salvador un Taller de Defensa Nacional, en el cual se abordó el papel del ejército en funciones de seguridad interior.

La mezcla de presión del público y de los medios, la necesidad de respuestas y el favorecimiento mediático de la agenda de la militarización, forzaron, a mi forma de ver, el desenlace de la decisión presidencial de incrementar, durante 180 días, el número de efectivos en tareas de seguridad pública, con un ingrediente adicional: la autonomía de las labores militares respecto del mando policial, es decir, que el despliegue de efectivos militares patrulla, realiza controles de vehículos y de personas sin control o guía policial, así como también realiza capturas. No obstante lo anterior, el Presidente incorporó en la iniciativa la rendición de cuentas a la Asamblea Legislativa en los términos establecidos en la Constitución y que no se había implementando antes.

Al asumir que este despliegue militar se rige por las disposiciones constitucionales, entonces, debemos presumir que también se estaría aceptando que se cumplieron los presupuestos constitucionales: el agotamiento de los medios ordinarios y la necesidad de restablecimiento de la paz interna.

Personalmente creo que dichos medios ordinarios no se habían agotado, por el contrario, no se había implementado el régimen de disponibilidad policial y, por otro lado, la segunda quincena de octubre tuvo un promedio de nueve homicidios al día, en contraste con la primera quincena en la cual el promedio fue de dieciséis y fue esta lamentable coyuntura la que terminó dando el empujón a la decisión de militarizar la seguridad pública. Cuando el ejército se incorpora, el promedio ya había descendido, pero el Ministro de Defensa atribuye dicho descenso a la participación del ejército.

Un punto de análisis desde las políticas públicas es el establecimiento de los pros y contras de la decisión tomada y sus eventuales consecuencias. A continuación mis perspectivas:

A favor:
  • Mejora la imagen del gobierno frente a la gente.
  • Mayor presencia de uniformados en el territorio favorece la sensación o percepción de seguridad de la gente y disuade la comisión de ciertos hechos delictivos.
  • La acción redujo la presión mediática y pública en esta materia sobre el gobierno y permite a las autoridades de seguridad pública aprovechar el espacio para desarrollar sus iniciativas.
En contra:
  • Es la versión corregida y aumentada de una medida más propia de la derecha política: "Más de lo mismo"
  • Devalúa la institucionalidad establecida y reinstala el clivage del militarismo en la agenda pública de las políticas de seguridad en particular, y de la militarización de la sociedad en general, en lugar de avanzar hacia su superación, en cumplimiento con el modelo centroamericano de Seguridad Democrática.
  • Contribuyó a deteriorar la ya golpeada imagen del sector seguridad pública.
  • Se favorecen los intereses de los sectores más conservadores y autoritarios que siempre estuvieron en contra del proyecto de reforma policial y propugnaban por mantener el control militar de la seguridad pública.
  • Es como meterse en Irak: una vez adentro ¿cómo salir? Cerca del cierre de la intervención militar, veremos casi con seguridad, una agenda mediática para prolongar la medida, además de las peticiones de ciudadanos que la apoyen.
  • Rechazo de la medida por sectores progresistas afines, socios o aliados tanto en el nivel nacional como internacional.
  • Puede tener efectos perversos como el Plan Mano Dura: su ritmo no es sostenible a mediano y largo plazo, la visión cortoplacista y la presión territorial, expande el delito a otros lugares y estimula la sofisticación de la delincuencia; genera un descenso rápido, pero su duración es efímera y se revierte de manera más gravosa, tal como sucedió luego de los planes de Mano Dura.
  • La presencia del ejército si bien puede tener efectos disuasorios, también puede ser provocativo de un incremento de la violencia como desafío a las autoridades (ya hubo un homicidio en distrito Italia, bajo las narices del ejército) o como un atentado contra las mismas.
  • La falta de entrenamiento e inexperiencia del ejército puede provocar violaciones a los derechos humanos de la población. De hecho, ya hay reportes.
  • Tal como ha sido manejado por los medios de comunicación, se da una imagen de falta de integración del gabinete o la existencia de agendas paralelas.
Haga usted su balance.

16 de noviembre de 2009

Libro: ¿Qué hacer con las pandillas?


Dejo con ustedes el enlace para descargar el libro ¿Qué hacer con las pandillas? editado por Gino Costa y Carlos Romero, publicado por la organización Ciudad Nuestra de Perú en 2009.

8 de noviembre de 2009

Las otras inseguridades: vulnerabilidad y exclusión social

"Y si de justicia se trata y de encontrar las causas de nuestros males, yo creo que el nuevo gobierno no debe parar hasta encontrar la última causa que está en la injusticia social." Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Homilía 25 de noviembre de 1979


Escribo estas líneas cuando el conteo oficial de las víctimas por las recientes lluvias provocadas por el paso del huracán Ida asciende a 124 y se estiman otros 60 desaparecidos a causa de los estragos, así como miles de damnificados que perdieron sus viviendas o bienes.

La madrugada del día 8 de noviembre, enlutó aún más a la sociedad salvadoreña. Tal como lo expuso el Presidente Funes, esta tragedia, causó más daño en El Salvador, que el huracán Mitch en 1999. Cuatro horas de lluvia bastaron para causar más daño que en aquel entonces causaron cuatro días de precipitaciones.

Una vez más los ayes de la vulnerabilidad pesan sobre el estado salvadoreño. La destrucción del ecosistema, un modelo de desarrollo destructivo, aunado a un crecimiento poblacional desordenado y mal uso del suelo, son factores que explican el gran impacto de los desastres en la vida de la población.

La exclusión de amplios segmentos poblacionales por la pobreza, el desempleo y la ausencia de políticas sociales estructuradas y amplias (llevadas a su mínima expresión por 20 años de gobiernos de signo neoliberal) contribuyen substancialmente a incrementar el impacto de los desastres naturales al arrojar a las personas necesitadas o de menores ingresos a vivir en lugares no adecuados y propensos a ser afectados seriamente por todo tipo de fenómenos naturales.

Esta tragedia, marca, dramáticamente, el ineludible desafío y compromiso que debe asumir el presente gobierno en aras de sentar las bases de un sistema de protección social que reduzca esos niveles de exclusión, así como a fomentar un modelo de desarrollo más comprometido con el ambiente.

Espero que esta dura lección cause efectos en la Asamblea Legislativa: recientemente, en el marco de la discusión sobre el proyecto de Ley Ordenamiento Territorial, pese a haber un dictamen favorable de la comisión legislativa que estudió el documento, la aprobación se vio detenida por la moción del diputado Rodolfo Parker -abogado cercano al gran capital- para evitar que la ley pueda determinar la designación de zonas protegidas o restringidas a la construcción.

Ojalá aprendamos que de seguir regateando con el ambiente, los costos se pagan con la vida, integridad y posesiones de las personas, particularmente, de las más necesitadas.

4 de noviembre de 2009

Sobre maras, pandillas y la academia: ¿Qué es lo que sabemos?

Transcribo un interesante intercambio que sostuve con la doctora Sonja Wolf, estudiosa del fenómeno de las pandillas, particularmente en El Salvador (su tesis doctoral -realizada con una amplia investigación de campo- versa sobre alternativas de intervención sobre esa materia)

El intercambio se originó a raíz de la búsqueda de antecedentes de una supuesta "especialista" argentina en la cuestión de las maras. Lo dejo a continuación:

Sonja Wolf ¿Alguien ya conoce este libro sobre las "maras" y sus "embriones" en Argentina?

Fuente: sociedadymedios.blogspot.com
Socióloga, especialista en la problemática de Las Maras en Centroamérica y su estado embrionario en Argentina. Analista de Televisión. Columnista de: Total News Agency. A.N.A News Agency (New York). Opiniones de Vanguardia (Montevideo/Uruguay).



Edgardo Alberto Amaya Cóbar
No sé si reír o llorar... Esta "especialista" me atrevo a pensar que jamás ha puesto un pie en centroamérica... ni ha hablado con pandillero alguno. No le hagas publicidad no merecida a alguien que precisamente se monta en un "tema de moda" para promocionarse.

Sonja Wolf
Si, acabo de encontrar un artículo suyo y me pareció bastante raro. Hay especialistas y hay "especialistas"...

Edgardo Alberto Amaya Cóbar
Los únicos especialistas en esto son los mareros y los pandilleros... los demás son (somos) curiosos con alguna información...

Sonja Wolf
Espero que no. Es el argumento que defiende Homies Unidos y qué saben o proponen ellos para controlar el problema de las pandillas?

Edgardo Alberto Amaya Cóbar
Claro, eso es otro extremo, el de quien se propone monopolizar el tema con fines distintos al que mencionas. Pero hay que hacer un ejercicio socrático sobre el asunto ¿Qué sabemos? y ¿Cómo lo sabemos? Poveda se metió en el barrio y convivió allí y presentó un resultado valioso, con un objetivo claro: sensibilizar. Pero ¿donde está la producción de conocimiento más etnográfico? Es un desafío difícil pero pendiente. Los estudios basados en encuestas pueden ser útiles, pero, perdón por mi suspicacia: realmente se reponde con honestidad? y, de ello, qué nos dice realmente sobre las maras.

Sonja Wolf
De acuerdo. Pienso que los que queremos investigar el tema sí podemos lograr una aproximación a ello, no tenemos que haber sido pandilleros para entender algo del tema. Lo que hizo Christian debería servirnos como ejemplo, pero el problema se ha vuelto tan complicado y peligroso que me temo que ya no se puede hacer un trabajo etnográfico en muchas de las comunidades afectadas. Siempre será mejor una combinación de métodos. Las encuestas pueden servir, aunque el uso de cualquier método siempre dependará de lo que quieres saber. También creo que los estudios iniciales que se hicieron en El Salvador sí han sido valiosos, pero últimamente ha habido más reciclaje de información y especulación que verdaderas investigaciones. Es hora de enfrentar este reto, pero creo que actualmente nadie saber cómo hacer buenas investigaciones sobre las pandillas sin arriesgar (perder?) la vida.

Edgardo Alberto Amaya Cóbar
That is the question...

(Correo adicional a la discusión:
Edgardo Alberto Amaya Cóbar El 04 de noviembre a las 16:05
El tema de los expertos viene de charlas con JR. que me decía que a pesar de conocer a varios miembros de pandillas de larga data, no se atrevía a decir que supiera mucho sobre las pandillas, yo comparto esa opinión. Al padre Toño y el padre Pepe -en ambos extremos- no creo que les guste, pero ellos tampoco son académicos ni trabajan para producir conocimiento sistemáticamente, sino que se valen de sus experiencias personales, muy valiosas, pero no sistematizadas ni confrontadas con otro conocimiento.

Más allá de una serie de hipótesis más o menos probadas sobre sus orígenes sociales, lo que sigue son resultados de encuestas que arrojan algunos datos. Más allá de eso, no hay un conocimiento que desvirtúe contundentemente el "conocimiento policial" de la materia y sus tecnologías y esa ausencia permite la instalacion de la versión oficial en los medios y agenda pública.)

Sonja Wolf
Si, la ausencia de buenas investigaciones crea este problema de la hegemonía del discurso oficial. Me parece curioso que las investigaciones en El Salvador ni siquiera hacen referencia a la literatura sobre pandillas que existe en otras partes - así se podría refutar la tesis, p.ej. que las pandillas son crimen organizado. Esto se repite hasta la saciedad y no tiene sentido. Personas como el Padre Pepe, pues, hasta la fecha se les ha dado demasiada confianza. Se dan esta imagen de expertos, pero generalizan demasiado. En el Polígono ni siquiera hay pandilleros, pero todo mundo le pinta como centro modelo de rehabilitación sin previamente averiguar que es lo que el Padre está haciendo y a quién sirve realmente. Siento que en El Salvador faltan muchos conocimientos tanto sobre las pandillas como sobre programas y políticas de pandillas - ejemplo CNSP: no saben qué están haciendo, y el aporte de Aida Santos parece que tampoco sirve.


Edgardo Alberto Amaya Cóbar
Totalmente de acuerdo, pero también hay que señalar que algunas iniciativas sufren de falta de difusión debida y discusión, como el reciente libro de Wim Savenije que a pesar de resumir muy bien la evolución cronológica de las visiones del fenómeno (oficiales y académicas) y repleto de entrevistas, no ha tenido una recepción entusiasta.

Sonja Wolf
Sí, lo mismo aquí en México. Publican pocas copias de un libro y luego tiene poca difusión. Muy lamentable. El inglés y los trabajos redactados en este idioma prevalecen en el mundo académico.


2 de noviembre de 2009

Día de los muertos

EL DESCANSO DEL GUERRERO

Los muertos están cada día más indóciles.

Antes era fácil con ellos:
les dábamos un cuello duro una flor
loábamos sus nombres en una larga lista:
que los recintos de la patria
que las sombras notables
que el mármol monstruoso.

El cadáver firmaba en pos de la memoria
iba de nuevo a filas
y marchaba al compás de nuestra vieja música.

Pero qué va
los muertos son otros desde entonces.

Hoy se ponen irónicos
preguntan.

Me parece que caen en la cuenta
de ser cada vez más la mayoría!


Roque Dalton, Taberna y otros lugares