17 de febrero de 2010

Joaquín Samayoa contra los "Criminales a temprana edad"

He leído la reciente columna de opinión de Joaquín Samayoa, un conocido "analista" (al que algunos extraviados todavía creen de izquierda), quién en esta ocasión tuvo la ocurrencia de hablar sobre el aumento de penalidad a menores en conflicto con la ley penal. El título de la columna: "Criminales a temprana edad", ya nos pinta el tono y enfoque del contenido.

Muchos pensarán que el sr. Samayoa dice algo razonable (lamentablemente la fama pesa como criterio de autoridad para los ignorantes), cuando en verdad su análisis es superficial y no es muy diferente al discurso de cualquier político conservador respecto del crimen (en general, no es diferente en muchas cosas. Recordemos que dedicó una columna para justificar el golpe en Honduras, a la que también dediqué unas líneas)

Normalmente, el pensamiento conservador se encuentra basado en una antropología (visión del hombre) individualista que tiene como principal eje de interpretación de la acción social y humana al libre alberdrío. De esta suerte, las infracciones a los códigos establecidos, no son una mera clasificación jurídica, sino que reviste además un fuerte reproche moral por abusar de la propia libertad y afectar la de otros. Creo que es oportuno citar, tal como lo hace John Lea en su libro Delito y modernidad, un pasaje de Hegel (antitesis de Marx) sobre el pensamiento abstracto:
Un asesino es conducido al lugar de ejecución. Para la mayoría del populacho, él no es otra cosa más que un asesino. Las damas tal vez digan que es un hombre fuerte, guapo e interesante. La plebe encuetra que éste es un comentario terrible. ¿Qué? ¿Guapo un asesino? ¡Cómo puede alguien pensar tan perversamente y llamar guapo a un asesino; no hay duda, ustedes mismas no son algo mucho mejor! Ésta es la corrupción moral que prevalece en las clases altas, podría añadir un sacerdote, conociendo el transfondo de las cosas y los corazones humanos. Quien conoce a los hombres, traza el desarrollo de la mente del asesino: busca en su historia, en su educación, en una mala relación familiar entre su madre y su padre, en algo tremendamente rigorista luego de que este ser humano había cometido una pequeña transgresión, de modo que él se encuentra amargado y resentido contra el orden social... que en lo sucesivo hizo que no hubiera para él otra forma de mantenerse que no fuera a través del delito. Quizás haya gente que al escuchar tales cosas dirá: ¡Quieren disculpar un asesinato! ... Este es un pensamiento abstracto: no ver otra cosa en el asesinato, excepto el hecho abstracto de que él es un asesino y, con esta calificación simplista, anular en él cualquier otra esencia humana (Hegel, ¿Quién piensa en forma abstracta?)
Me parece que la cita es muy oportuna, pues muestra la tendencia seguida por el columnista citado: dar mayor importancia a la abstracción del delincuente y del delito que al contexto social y de conflictividad en que se suscita. En su columna, el autor hace un gran uso de criterios morales para analizar la propuesta de aumento de penas para menores:
Cada vez son más los menores arrastrados a un estilo de vida marcado por un profundo desprecio a la vida y a cualquier norma o autoridad que no sean las de su pandilla. A muy temprana edad, estos jóvenes están cometiendo asesinatos a sangre fría, sin titubeos ni remordimientos, solo para merecer el ingreso a la pandilla, para hacerse respetar en la calle o para procurarse la próxima dosis de una droga sin la cual no pueden vivir.
Incluso, aunque reconoce el origen social y grupal del fenómeno, no sale de su esquema:
Pero cualquiera haya sido el trayecto que recorrieron para llegar a ser lo que ahora son, están ya tan maleados y hacen un daño tan grande al resto de la sociedad que resulta difícil verlos con algún grado de compasión o simpatía. 
Muy triste que estos duros juicios morales vengan de alguien que proviene del mundo de la educación. 

El columnista rebate a los críticos que han señalado anticipadamente el fracaso de la medida como solución al problema de la violencia juvenil. Niega que este sea el plano en que se deba discutir, para él, no es tanto el efecto real sino el simbólico:
(...) hay un criterio que debe prevalecer en el tema que nos ocupa. Aunque sea de manera simbólica, la legislación penal debe enviar a toda la sociedad un mensaje contundente e inequívoco: cualquier asesinato es una falta extremadamente grave para la cual no existen atenuantes de ninguna índole.
Aquí es donde está su punto débil y la muestra de la superrficialidad de su análisis. Parece que el señor "analista" no se entera que tenemos poco más de una década de procesos de contrarreforma legislativa y cientos de enmiendas al Código Penal, Procesal Penal, se ha establecido la pena perpetua de facto para ciertos delitos, así como la creación de leyes especiales como la Ley contra el Crimen Organizado. Todas ellas han pretendido, en su momento, constituirse como mensajes, mientras que la realidad no se ve afectada positivamente por ellos. 

Es irresponsable venir a proponer el uso simbólico de la normativa penal sin tener en cuenta las consecuencias de ello. La contrarreforma penal creó un esquema normativo que aceleró el crecimiento penitenciario de manera geométrica y limitó su capacidad de evacuación y tratamiento rehabilitador, convirtiendo a los Centros Penitenciarios en problemas de seguridad pública.

 Muchos piensan que analizar seriamente cuestiones de justicia y seguridad es soplar y hacer botella sin tener en cuenta la complejidad de las aristas de los fenómenos. Pero bueno, así es la farándula.

1 comentario:

  1. Muy buen ingreso. Felicitaciones. Definitivamente el fenómeno penal cada vez se toma más a la ligera en nuestras sociedades.

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