20 de enero de 2007

La autorización de escuchas telefónicas para la investigación criminal

Por Edgardo A. Amaya Cóbar

Cada tanto tiempo -como los terremotos- la Asamblea Legislativa retoma la iniciativa de reformar la Constitución para permitir el uso de intervenciones telefónicas en materia de investigación criminal.

Las razones de estas idas y vueltas tienen que ver con un temor de algunos sectores basado, fundadamente, en un pasado en que las instituciones de seguridad cumplían tareas de persecución política en el marco de la doctrina de la Seguridad Nacional y de la guerra contrainsurgente. En consecuencia, se teme que esta reforma constitucional pueda ser una puerta abierta a nuevos abusos, ahora, amparados por la ley.

Estos temores son sobradamente razonables y comprensibles y debemos agregar que, si bien ya no vivimos la guerra fría, vivimos en los tiempos de la paranoia global sobre el terrorismo y otras yerbas similares, que en nuestro tropical contexto se convierten en argumentos fáciles para justificar recortes de libertades y las cada vez mayores intervenciones punitivas en la sociedad como ha sido manifiesto en la constante avanzada de la inflación penal.

No es un debate fácil, por lo que creo que es necesario revisar qué es lo que tenemos.

El artículo 24 de la Constitución en su parte final establece:

“Se prohíbe la interferencia y la intervención de las comunicaciones telefónicas.”

Sobre este tema el Informe Único de la Comisión de Estudio del Proyecto de Constitución de 1983 -el cual es un instrumento fidedigno para la interpretación constitucional (Art. 268 Cn.)- consideró:

“Al igual que la correspondencia, la conversación telefónica es un medio de comunicación privado y por que su administración es un servicio público debe de rodearse de las máximas garantías para que su uso no vulnere la privacidad a que las personas tienen derecho. Con ese propósito se incluye la prohibición de interferir e intervenir las conversaciones telefónicas. La violación de esta prohibición por parte de particulares, funcionarios o empleados públicos conlleva una responsabilidad penal o civil que la ley secundaria habrá de determinar.”

El mandato constitucional vigente no deja espacio a la reserva de ley para que puedan redefinirse sus ámbitos de aplicación. La prohibición es absoluta.

No obstante lo anterior, existen antecedentes de violaciones a este mandato constitucional. Basta recordar en el año 2000 el caso del desvío de llamadas de organismos de sociedad civil y personalidades de oposición política hacia un tercer receptor bajo el denominado código B-9. Las sospechas recayeron en el Organismo de Inteligencia del Estado (OIE) pero las investigaciones en el ámbito penal y político fueron infructuosas y condenadas al fracaso desde el inicio.

Menos intrigante que lo anterior, en el marco de la investigación criminal, con el uso de ciertas tecnologías comunes y corrientes como parlantes para teléfonos, identificadores de llamadas, grabadoras de mensajes, algunas investigaciones han recopilado- información de comunicaciones telefónicas (números de teléfonos, grabaciones de las llamadas) que es posteriormente utilizada en la investigación. La jurisprudencia de los tribunales no es unánime en este sentido, mientras que algunos la rechazan, otros la aceptan.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que muchos casos, particularmente en materia de narcotráfico, son iniciados a partir de fuente independiente es decir, por vía de supuestas delaciones anónimas, las que en realidad podrían ser eufemismos utilizados para blanquear investigaciones realizadas por medios irregulares, como por ejemplo, escuchas telefónicas.

Lo que colijo respecto de estos antecedentes, es que, aunque exista una prohibición, en la práctica, se salta o se buscan atajos para evadirla, cuando no, violarla flagrantemente. Es decir, al no haber alternativas, se hace de hecho y de manera no controlada.

Mi punto es que si, de todas formas se hace en la práctica, lo que sería conveniente es una regulación rigurosa al respecto, la que debería contar con aval constitucional pero con reserva de ley y obligatoria necesidad de revisión judicial de su pertinencia, su autorización motivada y control judicial, así como una imputación concreta hacia el o los investigados.

Tendría fuertes objeciones a que dicha actividad investigativa fuera realizada por la policía, pues me parece muy probable que esta eventual facultad sea distorsionada debido a su pertenencia orgánica de la institución al Ejecutivo y estar sometida a su influencia y volubilidad política.

Personalmente creo que la intervención telefónica es una herramienta necesaria y útil (pero no en el nivel de non plus ultra, como lo sugiere el ministro Figueroa), para delitos de criminalidad organizada, delincuencia económica y otros similares de realización compleja (la gran mayoría de ellos, no incluidos en el minúsculo y absurdo catálogo de la seudo-ley contra el Crimen Organizado y delitos de realización compleja) Es decir, los delitos de los poderosos. Aunque claro, no debemos ser ingenuos, pues para combatir este tipo de delincuencia, lo que más se necesita, además de herramientas, es voluntad, la cual, no parece ser muy abundante por aquí en estos días.

18 de enero de 2007

Reflexiones sobre el XV aniversario de los Acuerdos de Paz



Por Edgardo A. Amaya Cóbar

El 16 de enero recién pasado se cumplieron 15 años de la firma de los acuerdos de paz, entre el Gobierno de El Salvador y el entonces grupo guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que pusieron fin a 12 años de guerra civil en el país. La dimensión del acontecimiento exige un trabajo riguroso y detallado de revisión histórica y política. Lamentablemente, las dimensiones y capacidades de este blog, no pueden satisfacerlas de momento, por lo que presentamos solo algunas valoraciones.

Entrando en materia debemos decir que los acuerdos, entre sus diversos impactos, significaron una transformación importante del sistema político salvadoreño, hasta entonces cerrado a la pluralidad ideológica, el cual se abrió para dar cabida a la expresión política más crítica del status quo.

Esta transformación requirió el aseguramiento o creación de ciertas condiciones institucionales que garantizaran el juego democrático y que permitieran superar la militarización de la sociedad, por lo cual, se recurrió de manera inédita en la historia nacional, a la reforma de la Constitución de acuerdo a sus propios procedimientos internos. (Ver: Principales cambios en materia de seguridad y justicia y matriz de análisis de los Acuerdos)

El proceso de paz salvadoreño, a pesar de sus limitaciones, ha sido un caso ejemplarizante en el ámbito de los procesos de construcción de paz en el nivel internacional, pues luego de la firma de los acuerdos, no hubo resabios de acciones armas. La desactivación del conflicto armado fue efectiva y duradera. Este aspecto de los acuerdos fue logrado. No obstante lo anterior, el tortuoso proceso de cumplimiento de los acuerdos deja muchas dudas sobre sus logros.

Quince años después, ha sido muy positivo el hecho que el gobierno, la sociedad y otras fuerzas políticas hayan impulsado la iniciativa de una celebración del acontecimiento y el decreto de su aniversario como día de fiesta nacional. Esto a pesar del desacuerdo existente entre quienes afirman que los acuerdos de cumplieron y se finiquitaron, quienes han intentado sepultarlos en la historia y los que pensamos que hay deudas por saldar. Quitando esta diferencia, el valor del acontecimiento mantiene su vigencia en el tiempo y le da un impulso a la sociedad a mantener su memoria histórica y colectiva, invita a reflexionar sobre los logros y fracasos.

En el marco de esta reflexión surgen algunas interrogantes desafiantes: ¿Vivimos en paz?, ¿Por qué la gente se va (o tiene el deseo de irse) de un país, que se supone, logró la paz?, ¿se puede hablar de paz en el marco de un fuerte impacto de la violencia en la vida social?

Como lo afirmaba el profesor noruego Johan Galtung, investigador sobre procesos de paz: “La paz no es la ausencia de guerra, es la ausencia de violencia”, lo que quiere decir que vivimos una paz truncada. Si bien, se desactivó la máxima expresión de violencia: la guerra, el acuerdo no impactó en la violencia social de la posguerra, aunque esta ya había sido prevista de antemano en documentos del proceso como el Informe de la Misión Técnica de las Naciones Unidas para la creación de una Policía Nacional Civil en El Salvador (Informe Rodés) el cual indicaba la necesidad urgente de tomar medidas para contener el alza de la violencia y criminalidad en la posguerra inmediata. Esta recomendación no fue atendida oportunamente.

Pero la violencia actual no es, en gran medida, una derivación inmediata y previsible de la posguerra, las dinámicas actuales de la violencia y la criminalidad se ha transformado, tiene otros actores diferentes a los de la primera mitad de los años 90. Paradójicamente, las condiciones de desigualdad e injusticia social, potenciadoras de la violencia social y en gran parte, causas históricas y estructurales del conflicto armado, son según los análistas, más pronunciadas ahora que en los años previos y durante la guerra.

Por otro lado, sí hubo aspectos del proceso de paz y el proceso político posterior que han contribuido en gran manera al contexto presente: el fomento de la impunidad a través la renuncia o negativa a favorecer un proceso de aplicación de justicia a los graves hechos del pasado y la insistencia por mantener la impunidad de estos por medio de la ley de amnistía y la manipulación, cooptación o debilitamiento de las instancias de justicia o de control de la función pública.

De esta forma, personas y estructuras involucradas en graves hechos de violencia en el pasado y protegidos por estas maniobras, habrían mutado sus actividades hacia otros ilícitos como el crimen organizado a gran escala u otras actividades criminales y que podrían formar parte importante del ciclo de violencia social que azota al país.

Luego de catorce años del Informe de la Comisión de la Verdad, derivada de los acuerdos de paz, muchas de las reformas de las instituciones de justicia y seguridad propuestas por el documento mencionado (Ver matriz de análisis), las que eran consideradas como indispensables para el logro del Estado de derecho, no se realizaron y las que sí se han cumplido no escapan de cuestionamientos sobre su coherencia con el diseño institucional trazado por el proceso de paz y la Constitución.

Reformas tales como el fortalecimiento de la independencia judicial del poder político, así como el respeto a las decisiones judiciales en el ámbito interno del Órgano Judicial, la reorganización del gobierno de poder judicial concediendo las labores de administración al Consejo Nacional de la Judicatura, son deudas que aún no han sido saldadas y que de cuyo cumplimiento depende la existencia de un verdadero Órgano garante de los derechos y libertades de los ciudadanos.

No obstante lo anterior, también puede decirse que el Órgano Judicial ha tomado, a partir del cambio de mecanismo de elección de sus magistrados, un mayor protagonismo en la resolución de conflictos jurídicos, especialmente en el ámbito de jurisdicción constitucional, aún y cuando algunos de sus fallos sean polémicos e incluso, el relativo a la ley de Amnistía haya sido criticado por la ONU, es posible decir que actos de instancias estatales son sometidos frecuentemente a revisión jurídica por estas vías, lo que indica un aspecto positivo en el proceso de fortalecimiento de la institucionalidad.

Por otro lado, las diferentes reformas normativas, especialmente las suscitadas en materia penal han generado procesos de desarrollo técnico-institucional muy positivos especialmente en instituciones como la Fiscalía General de la República, la Procuraduría General de la República y la Policía Nacional Civil. Sin embargo, ello contrasta con los limitados resultados que en la aplicación del derecho se obtienen en el sistema judicial, que socavan la credibilidad de estas instituciones.

Sin hacer una evaluación más amplia y pormenorizada, podemos afirmar que los acuerdos de paz mantienen su vigencia quince años después, pues, como lo hemos mostrado, aún hay aspectos de la institucionalidad y la democracia pendientes de desarrollo y corrección, para contar con las herramientas necesarias para la pacificación social y la reconciliación de la sociedad salvadoreña.

10 de enero de 2007

MESARES presenta investigación sobre impacto de las armas de fuego en la salud

En el inicio del 2007 -Año Nacional de la Paz Social- la Asociación Médica Salvadoreña para la Responsabilidad Social, MESARES tiene el agrado de presentarle(s) el estudio titulado “Características de los Pacientes con Diagnóstico de Lesiones No Mortales por Arma de Fuego y Estimado del Costo Económico de su Atención en los Hospitales Nacionales de Santa Ana y Sonsonate”. Con este trabajo de investigación científica realizado con el apoyo y auspicio de la Organización Panamericana de la Salud, OPS y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, deseamos, desde el sector salud, aportar elementos para el tratamiento de tan neurálgico y complicado problema de la violencia en El Salvador.

Invitamos, especialmente a los miembros del sector salud, a asumir el desafío de construir la paz social buscando una fórmula para el tratamiento de tan grave dolencia, lo cual sólo puede alcanzarse con el esfuerzo integrado y coordinado de todos los sectores.

Consideramos que desde la salud pública se puede contribuir utilizando la investigación científica y la epidemiología para la realización de un diagnóstico a profundidad, para la generación de información objetiva, para la construcción de hipótesis de causalidades, para el diseño de políticas y programas integrales con el modelo de funciones de prevención, promoción, protección, identificación de patrones de violencia, monitoreo y evaluación de intervenciones.

Dr. Ignacio Paniagua

Presidente MESARES

1ª. Calle Pte. No. 917, San Salvador. Tel. 2271 1980, Tel-fax: 2221-1384, E-mail: mesares@navegante.com.sv

9 de enero de 2007

Crisis penitenciaria: la bomba estalló (otra vez)

Por Edgardo A. Amaya Cóbar

Nuevamente la crisis del sistema penitenciario ha tomado por asalto las principales páginas y espacios de atención mediática y del público. El amotinamiento del pasado fin de semana (4-6 de enero 2007) en el Centro Penal de Apanteos, Santa Ana, que dejó como saldo la muerte de 21 personas privadas de libertad, se coloca entre las más graves de los últimos años, solo superada por la de agosto de 2004, con más de una treintena. Pero lo abultado de las cifras no es parámetro para medir su gravedad. Una perspectiva clara de los acontecimientos necesita ser vista a partir de sus antecedentes.

Las informaciones sobre los acontecimientos son aún imprecisas pero las versiones oficiales e orientan hacia hipótesis conspirativas por las cuales el amotinamiento sería perpetrado por determinado grupo al interior de la cárcel para el logro de otros fines como una fuga o una purga interna. Sin negar la posibilidad o hasta la probabilidad de dichas hipótesis, lo que ellas hacen es desviar la atención del problema hacia las responsabilidades individuales o grupales detrás de los hechos, para invisibilizar u obviar interesadamente el contexto penitenciario en el que se dieron los acontecimientos y las resposabilidades institucionales existentes.

Lo ocurrido es una manifestación de un efecto acumulativo de múltiples factores endógenos y exógenos del sistema penitenciario, pero el problema principal es de tipo estructural: la visión político criminal del gobierno.

En más de una ocasión, autoridades del gobierno han justificado su política de seguridad tomando como criterio de éxito el número de personas privadas de libertad, lo cual es una derivación lógica del esquema de acción gubernamental: la visión del control, asumiendo que los problemas de criminalidad y violencia son problemas “legales” y en consecuencia, la aplicación de la sanción correspondiente o al menos, el inicio de un procedimiento, son considerados indicadores de resultados (podríamos dar múltiples argumentos en contra de esta falacia argumentativa, pero lo dejaremos de lado por el momento)

En reiteradas ocasiones, los informes de FESPAD, sobre la cuestión de la seguridad pública y la justicia penal, han sido reiterativos en señalar el carácter profundamente represivo y reactivo de la visión gubernamental respecto del fenómeno criminal, su insistencia por abordar la problemática desde el sistema penal exclusivamente y su abandono de los fines constitucionales del sistema penitenciario (resocialización, reinserción), los que han sido desplazados por la visión punitiva y escarmentadota impuesta desde el gobierno.

Los efectos de esta visión se han traducido en acciones como, múltiples reformas normativas orientadas a la creación de nuevos delitos, es decir, más posibilidades de ir a la cárcel; aumento de penas, que implica que la gente esté más tiempo en la cárcel; eliminación o restricción de vías alternas de resolución de conflictos penales; restricción de las posibilidades de libertad durante el proceso (detención provisional automática para ciertos delitos); reducción del control judicial sobre las acciones de investigación y sobre las pruebas, con el objetivo de “facilitar” condenas; restricción de las posibilidades de libertad anticipada (eliminación de beneficios penitenciarios para ciertos delitos); virtual eliminación del control de los jueces de vigilancia penitenciaria sobre las acciones de la administración en el manejo de los privados de libertad; creación de un centro y un régimen penitenciario de Máxima Seguridad, nugatorio de múltiples derechos humanos; regulaciones del régimen interno de las cárceles que dificultan el acceso de visitas y de contacto familiar a los privados de libertad.

Metafóricamente podemos decir que este esquema político criminal lo que ha hecho es crear un animal con un enorme hocico, capaz de tragar mucho, pero con poco estómago para digerir y por ello, está condenado a indigestarse. Este esquema que comentamos se ha traducido en el ámbito penitenciario en elevados niveles de sobrepoblación, hacinamiento, insuficiente cobertura de programas de atención y servicios para los internos, abonando al descontento y la violencia interna de los centros penales.

En el caso que comentamos, la población del Centro Penal de Apanteos, Santa Ana, alcanzaba los 3,200 privados de libertad, en un lugar con una capacidad instalada de 1,800 personas, es decir, un 78% de exceso. En el nivel nacional, la población penitenciaria, según datos publicados en La Prensa Gráfica, alcanzó la cifra de 14,682 privados de libertad, para una capacidad instalada total de 7,372, esto es, un 99% de exceso sobre la capacidad real existente.

Este es un panorama demostrativo de la falta de previsión y racionalidad de este tipo de gestión gubernamental de la criminalidad. Queda en evidencia también la ausencia de prevención del delito. Se desnuda un esquema de gestión por el cual se apuesta por la reacción frente al delito más que a la evitación del mismo mediante estrategias alternativas a la intervención del sistema penal. Lo que genera un circulo vicioso: la ausencia de prevención facilita el incremento de la conflictividad y el crimen, lo que favorece una mayor reacción del sistema penal y en consecuencia, el crecimiento de sus ingresos.

El sistema penitenciario es el catalizador de todas estas fallas.

La metáfora que hemos propuesto con anterioridad no se limita a aspectos de flujos de trabajo, sino que genera un efecto transversal que se refleja por ejemplo en la infradotación de recursos y capacidades adecuadas para el sistema penitenciario. Donde una de las ausencias más graves y lamentables es la de la Escuela Penitenciaria, la cual tendría que ser un espacio de formación y capacitación profesional y de carrera para los miembros del sistema penitenciario. Pero su inexistencia obviamente genera un vacío de capacidades en la administración penitenciaria para poder enfrentar de mejor manera los desafíos. A lo anterior se deben sumar los problemas de corrupción y de criminalidad interna, de las que algunas de sus manifestaciones son ya de dominio público, pero cuya verdadera dimensión aún no es apreciada a cabalidad.

En conclusión, la letalidad de los hechos violentos del pasado fin de semana, no es un hecho aislado exclusivamente achacable a planes individuales o grupales, sino que se da en un contexto de precarias condiciones de vida penitenciaria, hacinamiento, violencia interna, corrupción y debilidad estatal en la gestión penitenciaria, cuya responsabilidad recae mayormente en el gobierno y las autoridades penitenciarias.

6 de enero de 2007

Lo bueno, lo malo y lo feo de 2006

A continuación, presento una selección, arbitraria, sobre lo que creo que fue lo más importante de 2006. No es una lista exhaustiva, sino, una valoración más genérica, que queda a disposición de ustedes discutirla.

Lo bueno
Dentro de los aspectos positivos del 2006 en materia de seguridad y justicia penal podemos encontrar una mayor presencia de voces que abordan, proponen y ejecutan visiones alternativas para el tratamiento y abordaje de la violencia y la criminalidad, tales como las iniciativas de control de armas en el nivel municipal, el empoderamiento de los gobiernos locales sobre temas de seguridad y la toma de conciencia de grupos vinculados a la élites (Ej. FUSADES) sobre el fracaso y la necesidad de enfoques alternativos. El Faro y La Prensa Gráfica lideraron esta visión, lo que en alguna medida coadyuvó a impulsar la iniciativa de Medios por una cultura de paz. Sin ser excesivamente optimista sobre el destino y frutos de esta iniciativa, fue un paso significativo, un mea culpa tácito por la centralidad otorgada a la violencia en el ambiente mediático salvadoreño.

A pesar de lo polémico de la siguiente afirmación, creo que el discurso del embajador de los Estados Unidos en el mes de octubre, llamando a las autoridades nacionales a asumir un mayor compromiso en el trabajo en contra de la violencia y la criminalidad, marcó un punto de inflexión en el debate sobre la política de seguridad, pues desnudó el dato de la ausencia de una política gubernamental seria y estructurada frente a la problemática, y fue más allá, señalando aspectos claves como el déficit de financiación de esta y la necesidad de que los ciudadanos y los empresarios paguen los impuestos.

En esta coyuntura, presionado por el peso de las criticas, el gobierno creó la Comisión Nacional de Seguridad Ciudadana y Paz social, una entidad plural (a pesar de lo arbitrario de sus criterios de selección) creada como entidad asesora del Presidente, mismo que se comprometió a dar seguimiento a las recomendaciones de ella emanada. Aunque el compromiso gubernamental frente a esta ha sido ambiguo. la Comisión ha sabido mantener su autonomía y lograr cierto nivel de fuerza moral en sus posiciones, con la que ha logrado mantener firmes sus propuestas a pesar de las resistencias políticas. De esta forma se logró impulsar una reforma en sede legislativa de la ley de armas de cara a incrementar el nivel de control sobre las armas circulando en espacios públicos, un paso insuficiente en sus alcances, pero un avance respecto de la cerrazón de la derecha política y del gobierno en este tema. (El 4 de enero de 2007, fecha que escapa a este análisis, el Presidente devolvió el decreto legislativo con observaciones que modifican lo aprobado por los diputados, por lo que la vigencia del decreto aún está pendiente)

La creación de un Ministerio de Seguridad Pública y Justicia, con todos los matices que puedan plantearse, es un aspecto positivo, pues la dimensión del problema de la inseguridad siempre necesitó de una agencia política específica que lo atendiese. La iniciativa es positiva, a pesar de las consideraciones que haremos más adelante.

Lo malo
Pese a las crecientes críticas, incluso de sectores afines como la ANEP, el gobierno se mantuvo la mayor parte del 2006 apegado al esquema político criminal con que venía abordando el fenómeno de la violencia y criminalidad: fetichismo jurídico, endurecimiento penal, militarización de la seguridad pública, por los cuales impulsó modificaciones al régimen penitenciario para quitar el control judicial y para endurecer las condiciones de los internos, lo cual ha contribuido a incrementar los niveles de conflictividad interna de los penales y la presión de los familiares de los privados de libertad y en el transcurso de 2006 también se evidenció la existencia de corrupción en el sistema penitenciario y el débil control sobre las actividades ilegales que los internos realizan. (Al momento que escribo esto, las noticias dan cuenta de un amotinamiento penitenciario que inició el día viernes 4 de enero y que habría cobrado la vida de 21 internos del Centro Penal de Apanteos, Santa Ana)

Incluso, a pesar de plantear y asumir, al menos discursivamente, la necesidad de un cambio de estrategia, el gobierno continuó impulsando apuestas por reformas legales tales como la tristemente celebre Ley contra el crimen organizado y delitos de realización compleja y ha intentado manipular a la Comisión Nacional de Seguridad Ciudadana y Paz Social, en dichas apuestas o utilizarla solo como una fachada del supuesto cambio, pero sin un compromiso real hacia ésta.

En la misma línea, a pesar de lo positivo de revivir el ministerio de Seguridad Pública y Justicia, nuevamente esta iniciativa surgió marcada por el continuismo al nombrar como titulares a quienes desde el ministerio de Gobernación atendieron el tema y fracasaron.

La Policía Nacional Civil, siguió en un proceso de deterioro en el marco de su crisis de “baja intensidad”, a lo largo del año, la prensa escrita reveló la crisis presupuestaria y de personal que sufre la institución, con un déficit de aproximadamente 6 mil miembros para poder dar cobertura territorial eficiente. Paralelamente, la prensa destacó múltiples hechos delictivos de gravedad que involucraron a agentes de la PNC.

En el ámbito de la justicia, destacan, como en otros años, la distribución partidocrática de importantes cargos de elección de segundo grado como la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía General de la República y la Procuraduría General de la República. En el que se destacó el nombramiento de un miembro del partido en el gobierno como Fiscal General de la República.

La Corte Suprema de Justicia, luego de un procedimiento irregular y no establecido legalmente, resolvió recortar las facultades de la Sección de Probidad, luego que esta presentara observaciones a las declaraciones patrimoniales de importantes figuras del gobierno pasado, incluido el expresidente Flores. La CSJ, recortó las facultades de investigación de la Sección de Probidad y posteriormente declaró que en los casos investigados no tenían irregularidades. El magistrado René Fortín Magaña, solicitó al Fiscal General la impugnación de la reforma de las facultades de la Sección de Probidad, apelando a su carácter de guardián de la legalidad, la petición no fue resuelta favorablemente por el recién nombrado Fiscal General.

Los jueces continuaron siendo objeto de presiones mediáticas y gubernamentales no solamente discursivas, sino que se han ampliado al seguimiento de juzgadores y sus actividades. En esta línea parecerían adscribirse los intentos por llevar a antejuicio o separar del caso a un magistrado de Cámara que conocerá el sonado caso del diputado Silva, acusado de actos de corrupción.

Lo feo
Nuevamente el cierre de año viene salpicado por un nuevo incremento en la cifra de homicidios (3,906 homicidios, un incremento de 3.36% respecto 2005) mismo que se ha visto acompañado por un incremento en las cifras de victimización, según la última encuesta del IUDOP.

Los hechos del 5 de julio de 2006, en los que en el marco de la confrontación entre manifestantes y la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO), se suscitará un ataque armado en contra del contingente policial que dejó dos policías muertos y otros nueve heridos, fue sin duda un momento de gran tensión política y de fuertes enfrentamientos entre las principales fuerzas políticas del país, el gobierno acusó y responsabilizó al FMLN de los atentados, todo ello en medio de una serie de teorías conspirativas, entre ellas algunas poco creíbles como las del autoatentado, en su momento sugerida por el FMLN y la Procuradora para la Defensa de los Derechos Humanos, aunque posteriormente, el FMLN, cambiara su posición y condenara los hechos, achacándolos a grupos fanáticos.

La tesis del autoatentado, tendría a su base, el interés de sus patrocinadores en explotarlo al máximo para lograr un tensionamiento entre las extremas y un recrudecimiento de la polarización a niveles de ingobernabilidad (ilegalización del FMLN, persecución política, estado de excepción) lo cual no sucedió. Afortunadamente los ánimos fueron bajando paulatinamente, no sin algunas consecuencias negativas como el impulso dado al proyecto de Ley Antiterrorista, que fuera aprobada en octubre y que podría convertirse en un instrumento de control de la conflictividad social. Es decir, la consecuencia de los hechos del 5 de julio lo que hace es mermar el derecho de quienes legítimamente tienen algo que decir y pedir, que ahora pasaran a ser sospechosos permanentes.

Sin embargo, los resultados de las investigaciones no resolvieron algunas dudas, como el hecho que un empleado universitario que no participaba en los acontecimientos y que se encontraba a una distancia relativamente lejana de los hechos, resultara herido. O que el director de la PNC hablara de que la zona fue sobrevolada por un helicóptero y posteriormente se aceptara que fueron dos unidades aéreas. O cuál fue la misión que cumplían los miembros del Grupo de Reacción Policial (GRP) apostados en la azotea de un edificio cercano el día de los hechos.

A pesar de los usos interesados que han generado los acontecimientos, seré ingenuo pero creo que donde más teorías conspirativas hay lo más cierto es lo más evidente, y personalmente creo que existen grupos radicales fanáticos que tienen una opción violenta y los acontecimientos se explican desde ahí.

Con menor presencia en los medios, otros hechos graves tuvieron lugar en 2006 tales como la comisión de ejecuciones sumarias que estarían siendo realizadas por grupos de exterminio, tesis planteada desde hace mucho tiempo por organismos de derechos humanos como Tutela Legal del Arzobispado, FESPAD y también por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos.

En este contexto de ejecuciones también se registraron hechos que tendrían como trasfondo motivaciones políticas, tales como la tortura y el asesinato de los padres de una exlocutora de la otrora guerrillera Radio Venceremos y actual activista del FMLN, o el asesinato de una pareja de pastores luteranos, ambos miembros del FMLN, sin que hasta el momento existan resultados conocidos de las investigaciones de estos hechos que por sus antecedentes hacen obligatoria la hipótesis de la presencia de un retorno de la violencia política.

23 de diciembre de 2006

Felicidades, nos vemos en el 2007!!!

Los frutos de la necedad: la yunta delante de los bueyes

Aplicar ley anticrimen costaría $3.6 millones

Geraldine Varela
Viernes, 22 de Diciembre de 2006 (El Diario de Hoy)

En vigencia. La ley contra mafias podría entrar en vigencia en enero Aún no han sido designados los jueces especializados ni se han habilitado los tribunales

La recién aprobada Ley Contra el Crimen Organizado podría entrar en vigencia a partir de enero del próximo año, pero aún no se cuenta con los jueces especializados y con la infraestructura que se requiere para echarla andar.

Uno de los mayores inconvenientes es que el presupuesto de la Corte Suprema de Justicia 2007, no contempla este gasto.

Un estudio preliminar del departamento de Finanzas de la Corte Suprema arrojó que el costo de implementación de la ley sería de entre $1 a $3.6 milllones.

El magistrado de la Sala de lo Contencioso Administrativo, Marcel Orestes Posada, aseguró que se debía evaluar aspectos de salario, no sólo de los jueces sino del personal que labore en los nuevos tribunales, además de los mecanismos de protección que se brindará a los juzgadores y sus familias.

"Se debe proteger al juez y a su familia, esto implica un gasto de millones que no posee la Corte. Esta ley no da tiempo para hacer todo lo que hay que hacer antes de implementarla", recalcó el magistrado.

Candidatos

El Consejo Nacional de la Judicatura (CNJ) ha proporcionado una lista con los nombres de los posibles candidatos a ocupar las plazas de jueces "blindados".

Los aspirantes son juzgadores que cuentan con experiencia en procesos de crimen organizado.

La mayoría son juzgadores que están asignados a cabeceras departamentales, sin embargo, los jueces serán consultados si están en la disposición de llenar las plazas.

Los magistrados de la Corte Suprema de Justicia conocieron el jueves la normativa, pero aún no hay propuestas en firme para su implementación.

La Corte ha planteado tres alternativas para la creación de los tribunales especializados: reconvertir algunos juzgados como los de Tránsito (y que estos pasen a otras dependencias); contratar a más personal y habilitar nuevos espacios o una combinación entre éstas.

Sin embargo, aún no se concretiza ninguna de las alternativas ya que los magistrados sólo han conocido y discutido la legislatura en una sesión.

Otro aspecto a considerar por los magistrados es la capacitación a la que deben de someterse los aspirantes a jueces especializados.

El magistrado de la Sala de lo Constitucional, Néstor Castaneda, considera que hablar del tiempo de implementación de la normativa es apresurado "si la ley es para contrarrestar el crimen organizado, hay que agilizarla lo más pronto que se pueda".

Castaneda añadió que los jueces que cuentan con experiencia en resolver en casos de crimen organizado, pueden ser capacitados en menos tiempo y puedan asumir los nuevos roles.


20 de diciembre de 2006

El Salvador: Documento crítico sobre proyecto de Ley contra el crimen organizado

Estimados amigos y amigas,

hemos recibido un interesante aporte a la discusión sobre el proyecto de Ley contra el crimen organizado y delitos de realización compleja, el cual ha sido elaborado por el abogado Jaime Martínez Ventura, miembro del Consejo Latinoamericano del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales (INECIP) Debido a que la dimensión del documento excede las aceptables para un blog, lo hemos colocado en una página auxiliar para facilitar su lectura y su descarga si lo desean. Pueden consultar el documento haciendo click aquí.

Recuerden que en el blog pueden acceder a otro material sobre este tema.

19 de diciembre de 2006

El Salvador: inminente nueva ley contra el crimen organizado (?) y delitos de realización compleja

Por Edgardo A. Amaya Cóbar

Para cuando lean esto, probablemente la Asamblea Legislativa de El Salvador estará preparando el debate que daría paso a la aprobación de una ley contra el crimen organizado y delitos de realización compleja, sobre la base de un proyecto legislativo, redactado en el Ministerio de Gobernación y discutido por la Comisión Nacional de Seguridad Ciudadana y Paz Social.

Digo debate, pues las cartas ya están echadas a favor de dicho instrumento por parte de la derecha política de la Asamblea, que mantiene su apuesta por la visión del control, del fetichismo jurídico y del populismo punitivo. Parece actuar más con una lógica de propaganda pero no de responsabilidad y seriedad para abordar los problemas reales que afectan la situación de la justicia y la inseguridad en El Salvador.

Esta iniciativa muestra que existe una voluntad gubernamental de mantener este esquema de generar propuestas legales tal como se ha evidenciado en la insistencia (presión) porque dicho proyecto fuera objeto de discusión en la Comisión Nacional de Seguridad Ciudadana y Paz Social, y para que, legitimado por esa vía, abrirse campo en la opinión pública y ante sectores críticos. Concuerdo con la opinión de Paolo Lüers, en el sentido que el mensaje de crear una comisión es para dar un giro en la forma en cómo se han manejado las cosas, pero lo que estamos presenciando cada día es más de lo mismo. A pesar del dramático giro del discurso gubernamental respecto de la seguridad y la política criminal.

Pero más allá de esa guerra de imágenes y verdades a medias, el hecho que la Comisión haya dispuesto que el documento fuera discutido por la Asamblea no es una “autorización”, ni un Visto bueno. Es lo que en la lógica institucional correspondía. De hecho, la Comisión documentó las opiniones vertidas en el marco de la discusión interna sobre el proyecto de ley, en su gran mayoría, contrarías a la idea de favorecerlo, tanto por sus falencias técnicas, su falta de realismo e inserción en una política pública seria y, en resumen, por su superfluidad.

No pienso alargar esta nota, pues creo que el documento de observaciones técnicas de la Comisión es contundente. Solo agregaría como referencias adicionales lo que en una nota previa escribí acerca de qué es el crimen organizado y mis primeras percepciones sobre este proyecto de ley.

15 de diciembre de 2006

Desde México: "El debate sobre seguridad"*

John Bayley**

En su discurso de toma de posesión del 1 de diciembre, el presidente Calderón dijo: "Instruyo al procurador general de la República y al gabinete de Seguridad Nacional a que en un plazo no mayor de 90 días presenten un programa de seguridad para renovar los mecanismos de procuración e impartición de justicia".

Espero que el paquete de reformas que será presentado al Congreso de la Unión el o antes del 1 de marzo será una iniciativa coherente y constructiva. El desafío más complicado es político. ¿Puede la nueva administración generar el apoyo público necesario para las reformas, y puede conseguir los votos que requiere mientras aún conserva su impulso inicial? ¿O la iniciativa será aniquilada o desmembrada en el Congreso? La seguridad pública es una de las tres prioridades principales del presidente Calderón. Como fue mencionada en primer lugar en su discurso de toma de posesión, por delante de la pobreza y el desempleo, uno podría inferir que es su prioridad más alta.

El contenido de la reforma misma nos dirá mucho sobre la capacidad programática de esta administración, y el destino de la reforma en el debate público y en el Congreso nos dirá mucho sobre la capacidad política de la administración.

¿Por qué esperar una iniciativa de reforma de la seguridad pública útil? En algunos aspectos importantes, la iniciativa puede partir de bases ya creadas. Por ejemplo, el presidente Zedillo introdujo reformas legales significativas a mediados de los 90, junto con el Sistema Nacional de Seguridad Pública. La Secretaría de Seguridad Pública tiene cinco años de experiencia. Asimismo, vemos una continuidad importante y capacidad para el trabajo en equipo dentro de la administración Calderón.

Dos de los funcionarios clave del nuevo gabinete, el procurador general de la República, Eduardo Medina, y el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, llevan una experiencia valiosa a sus nuevos puestos. Medina encabezó el Cisen durante los primeros años de la administración Fox, antes de pasar a la SSP en 2005. Y García Luna ocupó cargos importantes en el Cisen durante la administración de Zedillo, antes de trasladarse a la PGR para crear la Agencia Federal de Investigación.

Estos dos "arquitectos de programas" han demostrado que ellos y sus equipos pueden trabajar juntos. Además, no hay razón para esperar que Medina y García Luna tengan dificultades para colaborar con los otros dos miembros clave del gabinete de seguridad, los secretarios de Defensa y de Marina. Aunque no es miembro formalmente del gabinete de seguridad, el secretario de Gobernación, Francisco Javier Ramírez Acuña, ex alcalde de Guadalajara y ex gobernador de Jalisco, también trae a su puesto un conocimiento considerable sobre asuntos de seguridad. El hecho de que el gabinete de seguridad haya emprendido una operación antinarcóticos conjunta en Michoacán después de apenas 11 días en sus cargos, es evidencia del trabajo en equipo.

Hay, por lo tanto, buenas razones para esperar que la iniciativa de reforma estará bien construida. Con esto quiero decir que debe existir una lógica interna que conecte las medidas de corto plazo con una estrategia de largo alcance y conecte a éstas con los recursos. El plan requerirá de algunos elementos que puedan arrojar mejorías tangibles en el corto plazo, así como un mapa sobre a dónde debe dirigirse el sistema de justicia en los próximos 30 años. En algo inherente a una república federal, gran parte del plan involucrará el compartir la información y fortalecer la colaboración entre los niveles de gobierno.

La fase crítica será la interacción entre el debate público sobre seguridad y las acciones del Congreso en torno de las propuestas de reforma. Me parece que los mexicanos son profundamente ambivalentes en el tema de la seguridad pública. Por un lado, observo una profunda preocupación -un temor casi palpable- por los delitos violentos, que se refleja tanto en conversaciones personales como en numerosas encuestas de opinión.

Por otro lado, observo una profunda desconfianza hacia la policía y escepticismo hacia el sistema de justicia, que también se reflejan en conversaciones y sondeos de opinión. A menudo, el escepticismo ante el sistema de justicia es parte de un cuestionamiento más profundo sobre la legitimidad del gobierno mismo.

Esta combinación de ambivalencia y escepticismo puede frecuentemente ser apreciada en la reacción de la gente al uso de la fuerza por parte del gobierno. Las opiniones varían, por supuesto, pero una fuerte corriente normalmente condena el uso de la fuerza por parte del gobierno por considerarla partidista y autoritaria. Por lo tanto, en vez de ver a los nuevos miembros del gabinete de seguridad como profesionales experimentados, algunos sectores de la opinión pública consideran que son evidencia de un gobierno de línea dura que recurrirá más a la represión que a los consensos.

En algunos aspectos, Calderón enfrenta un reto más grande en materia de reforma de la justicia que su antecesor. La legitimidad de su elección sigue siendo disputada, y confronta una compleja y volátil mezcla de violencia política y criminal.

Pero en otros aspectos la oportunidad que surge en los primeros meses de 2007 es más prometedora. El equipo de Calderón es más coherente y uno espera más disciplina y dirección en Los Pinos. El paquete de reformas a la justicia de la administración Fox salió de la nada en abril de 2004 y fue depositado como el proverbial niño abandonado en los escalones del Congreso. No sorprende que ese "huérfano" no haya sido adoptado.

Esta vez la gran prueba será si Calderón puede ofrecer argumentos persuasivos para la reforma. Esto significa no solamente un comunicado de prensa y discursos por aquí y por allá, sino más bien una enérgica campaña para dar forma a la opinión pública. El apoyo público ayudará al Presidente a "vender" su propuesta en el Congreso.

Seamos optimistas por el momento. El paquete de reformas estará bien concebido. El Presidente persuadirá a la opinión pública y obtendrá el apoyo del Congreso. También seamos realistas. ¿Veremos grandes avances en seguridad pública en el próximo año o dos? Lo más probable es que no. El crimen violento tiene un poderosa inercia y se reproduce a sí mismo a través de muy variados mecanismos.

Si la experiencia de Estados Unidos en los 80 puede servir de guía, uno puede esperar que el rápido crecimiento del narcomenudeo en México exacerbe los crímenes violentos durante todavía algún tiempo.

Aún así, la clave es emprender reformas útiles al inicio del sexenio y crear un ímpetu reformista que se pueda mantener en los próximos años.

*Tomado de el períodico El Universal, México, Diciembre 13, 2006.

** Director del Proyecto México en la Universidad de Georgetown, Estados Unidos. Compilador, junto con Lucia Dammert del libro: Seguridad y reforma policial en las américas. Experiencias y desafíos. Siglo XXI editores, México, 2005.

14 de diciembre de 2006

Estudio sobre violencia en Centroamérica desde el análisis del discurso

(See references for english version bellow)

En la Revista Working papers Nº 34 (noviembre 2006), del German Institute of Global and Area Studies (GIGA) se han publicado los resultados de la investigación:

"Construyendo inseguridades: Aproximaciones a la violencia en Centroamérica desde el análisis del discurso"

Autores: Sebastian Huhn/Anika Oettler/Peter Peetz

Acceso: Abstrac/Versión completa (PDF)

Les invito a revisar además, el catálogo de números publicados de Working Papers de GIGA, pues encontraran otros materiales interesantes sobre temas de seguridad y defensa. Haz click aquí.


In the Working papers Nº 33 (november 2006) publication of the German Institute of Global and Area Studies (GIGA) , you may find the research:

"Exploding Crime? Topic Management in Central American Newspapers"

By: Sebastian Huhn/Anika Oettler/Peter Peetz

To access: Abstrac / Full version

You may also check out the full catalogue of Working papers of GIGA and find other interesting articles on security and defense issues. Click here

Desde Venezuela: Contraloría ciudadana de la seguridad

Contraloria ciudadana: La comunidad debe involucrarse en el control de las políticas públicas*

Por Rocío San Miguel
Presidente de la Asociación Civil "Control ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional"
Venezuela

http://controlciudadanoparalaseguridad.blogspot.com/

El desconocimiento ciudadano en torno al derecho que tiene de ejercer contraloría sobre los temas de la seguridad, la defensa y la fuerza armada nacional, es una realidad en Venezuela.También la ausencia de liderazgo que promueva el derecho al ejercicio de la contraloría ciudadana sobre estos temas, como medios capaces de permitirnos acceder a mejores niveles de seguridad humana compatibles con los derechos humanos.

En general, la falta de incidencia del ciudadano sobre estos temas ha sido una constante histórica en todos los países del mundo. Entre las razones de este fenómeno se encuentran: 1) El paradigma de suponer que esto corresponde a una atribución exclusiva de los poderes públicos de los Estados. 2) El desconocimiento de la materia derivado de las complejidades y del carácter técnico que el tema reviste. 3) El temor o miedo eventual que representa para un ciudadano enfrentarse a los elementos de poder institucional que monopolizan estos temas.

Lo cierto es que la inseguridad personal, local, estatal, regional y mundial empeora en sus síntomas amenazantes (salvo raras excepciones), sin que logre incorporarse efectivamente al ciudadano como parte del sistema con el fin de que ejerza contraloría sobre las instituciones, los presupuestos, las leyes y las conductas de los funcionarios públicos y las propias fuerzas de seguridad policiales y militares, a fin de hacer compatibles las políticas públicas sobre temas de seguridad, defensa y fuerzas armadas con 5 principios: Respeto a los Derechos Humanos, Transparencia en la Gestión Pública, Democracia, Participación y Estado de Derecho.

A la fecha el ciudadano común desconoce que “tiene el derecho y puede” participar en el control de las políticas públicas de seguridad. Desconoce que tiene derecho a saber cuántos policías tien! e su mun icipio, su estado y su país, y cuán calificados están para cumplir esa función.

Desconoce que tiene el derecho de visitar las instituciones militares y de policía para solicitar información que le concierne, desconoce cuántos militares hay en su municipio.

No sabe si estos policías y militares se forman en derechos humanos, quiénes son los que dirigen a los militares y a los policías y si están calificados para cumplir esa función. Desconoce el número de víctimas de la delincuencia en su localidad, mucho menos en su estado y en el país.

Desconoce los presupuestos, los planes y proyectos en torno a los cuerpos de seguridad y fuerzas armadas. Ignora que puede exigir el cumplimento de la ley y que puede participar en la hechura de las políticas publicas de la seguridad y de la defensa.

Desconoce que puede participar para exigir un sistema de protección civil y el acceso a recursos vitqales como el agua. Desconoce que puede incidir en la contraloría de los parques de armas del Estado, sean éstos militares o policiales, y que puede promover y contribuir en el desarme de la población civil. Desconoce qué hacer para mejorar la seguridad vial de sus ciudades o la seguridad alimentaria de su país. Ignora que usando la tecnología y creando alianzas con el sector privado, puede mejorar su seguridad. Desconoce en definitiva el poder que tiene –si decide intervenir- para transformar la seguridad de su entorno, e incidir en el desarrollo y el bienestar colectivos.

¿Qué sucederá si el problema de la ausencia de contraloría ciudadana sobre temas de la seguridad no es abordado por los venezolanos? Continuarán existiendo respuestas anárquicas, desproporcionadas, ilegales, poco transparentes, cuando no “secretas” y autoritarias, para abordar los problemas de la seguridad y ! la defen sa en Venezuela, con tendencia al militarismo, el armamentismo, el miedo sobre la población civil y la propia violación de los derechos humanos.

Y prevalecerá la tendencia a subordinar al ciudadano bajo el concepto de la seguridad, dejándolo de colocar como centro beneficiario de la misma.

Difundir y poner en práctica la idea del Derecho a la Contraloría Ciudadana sobre los temas de la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada, como “Derecho y Necesidad” capaces de alentar un verdadero desarrollo y bienestar colectivo, compatibles con el pleno ejercicio y goce de los derechos humanos, es una de las tareas en las que estamos empeñados desde hace un año en Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional, una organización no gubernamental con personalidad jurídica propia, sin fines de lucro, que propone entre sus objetivos, vigilar el cumplimiento de las políticas públicas que conciernen a estos temas a través de 3 actividades básicas: 1) Registro y Consolidación de datos en beneficio del control ciudadano sobre las políticas de Seguridad y Defensa Nacional. 2) Incidencia pública del Derecho y la Necesidad de la Contraloría Ciudadana sobre la Seguridad, la Defensa y las Fuerzas Armadas. 3) Y medición de los cambios que seamos capaces de producir. Una actividad que puede realizarse desde los barrios, desde las parroquias, los consejos locales de planificación pública, las asociaciones de vecinos, las universidades y desde todo núcleo humano que desee intervenir en beneficio de su seguridad, el primer problema de todos los venezolanos. Una actividad de líderes locales y ciudadanos en general, orientada a que tomemos parte en la solución de nuestros problemas de manera anticipada, programada y sistemática para incidir eficazmente ante las autoridades e instituciones públicas.

Dos mensaje finales: 1) La sensación de una seguridad respetuosa de los Derechos Humanos y a favor del desarrollo de la gente, sólo será posible en nuestro país, en la medida en que haya una sociedad civil que impulse y reclame la contraloría de la seguridad como un derecho y una necesidad. 2) El empoderamiento que la contraloría ciudadana sobre los asuntos de la seguridad, la defensa y la fuerza armada nacional otorga a los habitantes de un país, permite incidir sobre el desarrollo y el bienestar colectivos.

*Colaboración de la autora para este blog.