23 de noviembre de 2009

El silencio de El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica

Tomada de El Mundo, España.

Durante el fin de semana pasado, el periódico español El Mundo, publicó la imagen de un acta manuscrita en la cual se daba cuenta de la supuesta reunión realizada el día 15 de noviembre de 1989 en la que el entonces Jefe del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada, General René Emilio Ponce, dio la orden de eliminar a Ignacio Ellacuría y no dejar testigos. La nota señala también al supuesto planificador del crimen y a otros participantes de la reunión.

La noticia fue rápidamente publicada por ediciones digitales de otros períodicos, pero las ediciones digitales de La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, no presentan referencia alguna de ella, guardando un extraño y sospechoso silencio ante un acontecimiento noticioso importante: no todos los días se presenta un documento que puede ser prueba contundente en un juicio, máxime cuando se trata de uno de los casos más emblemáticos de la impunidad del período bélico y uno de los de mayor interés en la comunidad internacional.

¿Es normal que un periodico omita o excluya una noticia de este calibre? No, no lo es, por ello su comportamiento parece sugerir su muda complicidad con la impunidad y el ocultamiento de la verdad.

P. D.: Tanto el Gerente de Redacción y el Jefe de Redacción de La Prensa Gráfica son exalumnos jesuitas.

20 de noviembre de 2009

Militarizar la seguridad pública: un análisis desde la toma de decisiones


Hace unos días platicaba con una persona de la cooperación internacional sobre el contexto de la (in)seguridad en El Salvador. En principio era una charla informativa, pero ya entrado en confianza, esta persona, con mucho tacto, me manifestó, -palabras más, palabras menos- lo siguiente: “la decisión de Funes de sacar el ejército se ha visto muy mal en el exterior. No sé entiende cómo el primer gobierno de izquierda lo haya hecho. Uno lo esperaría si Ávila fuera el presidente, pero no de Funes.”

También me enteré de que recientemente, un conglomerado de organismos de sociedad civil de diferentes países de América Latina habría enviado una carta al Presidente Funes manifestando su desencanto por la medida asumida.

Sin duda, el Presidente enfrenta no solo rechazo a su decisión en el exterior, sino que también de sectores críticos internos, aunque estos últimos, minoritarios frente a la apabullante aprobación de la mayoría de la ciudadanía en este tema y la bendición de los medios de comunicación más conservadores, entre ellos, El Diario de Hoy, otrora bestia negra del candidato Funes, ahora, principal entusiasta de la iniciativa.

Sin duda, esta ha sido una de las decisiones más difíciles del Presidente por el enorme peso simbólico (negativo) que tiene la militarización dentro del imaginario de la izquierda. Sin embargo, su enorme capital político y aprobación social, amortiguan los costos de dicha decisión.

El Presidente fue puesto entre la espada de la presión pública, la histeria mediática y una agenda de militarización exitosamente levantada por su propio ministro de Defensa Nacional -de la cual se habría distanciado en su momento- y la pared de pagar los costos políticos de la crítica de sectores ideológicamente afines, entre ellos, la comunidad de derechos humanos, diversos intelectuales, pero principalmente, del propio FMLN. Los acontecimientos nos indican que lo segundo pesó menos que lo primero.

Las valoraciones sobre esta decisión deben de verse desde diversos ángulos. En los zapatos de la gente común y corriente de los municipios más violentos, la medida puede ser positiva en tanto les incrementa su sensación de seguridad, aún y cuando sean registrados y tratados como sospechosos en sus propios barrios y colonias. Lo mismo es válido para la gran cantidad de consumidores de noticias, afectados masivamente por la victimización terciaria generada desde los medios de comunicación.

Si nos ponemos en los zapatos del Presidente, la agenda mediática provocaba el descrédito de las instituciones de seguridad -y en consecuencia, del gobierno- y las sometía a una lógica de una crítica histérica e intensiva que, con estribillos como “hay que hacer algo ya” o “queremos resultados, no explicaciones” y con la exigencia imposible que un gobierno de pocos meses, resolviese la herencia de veinte años de fracaso en la materia, rechazaba cualquier explicación amplia y no simplista del fenómeno como presupuesto para interpretar la acción gubernamental.

Esta lógica dejaba poco margen para una adecuada transición de las nuevas autoridades y para que las instituciones se concentraran en el diseño e implementación de planes, al tiempo que se generaba un creciente y peligroso clima de incertidumbre que amenazaba la gobernabilidad misma. La histeria colectiva generada por un rumor sobre un supuesto "toque de queda" decretado por las pandillas fue demostrativo del nivel de miedo presente en la sociedad y de la falta de confianza en las instituciones.

En esta perspectiva, el Presidente debía responder a la exigencia pública y mediática de seguridad, y bajar la presión y el desgaste a su gobierno, para lo cual era necesario un gesto concreto de acción en ese sentido. Lograr estos objetivos era una cuestión estratégica.

Justo en ese momento, una bien intencionada columna del padre José María Tojeira, rector de la UCA, proponiendo el trasplante de personal militar a la PNC para incrementar el pie de fuerza institucional, seguida de una positiva valoración del Presidente sobre ésta, abrió la puerta a un efecto no deseado: la militarización de la seguridad pública.

La propuesta de Tojeira fue utilizada y distorsionada como una trampa para poner como una prioridad en agenda una participación más activa del ejército en tareas de seguridad pública, espacio en el que el Ministro de la Defensa Nacional –montado en las poderosas cajas de resonancia de los medios dominantes- tomó un rol protagónico. Nada pudieron las aclaraciones posteriores de Tojeira para detener los efectos no deseados.

Por su parte, las autoridades de seguridad pública no se pronunciaron ni a favor ni en contra de la agenda de militarización, sino que al ser abordados, remitieron la decisión al Presidente y mantuvieron una actitud disciplinada y de respeto a la autoridad presidencial.

La actuación del ministro de Defensa Nacional ponía en evidencia la falta de integración del gabinete en esta materia. El General Munguía levantó -desde el inicio de su gestión como ministro (e incluso antes)- el estandarte de la militarización de la seguridad pública.

Esta situación no es exclusiva del contexto actual, ya en la administración anterior, el entonces Ministro de Defensa, General Otto Romero, se habría expresado en términos similares sobre la iniciativa de involucrar al ejército en funciones de seguridad pública.

Adicionalmente se deben agregar a este contexto, la presencia de presiones geopolíticas para instalar este esquema de militarización de la seguridad interna de los países del área mesoamericana, zona caliente de la política norteamericana de control del tráfico de drogas y otras manifestaciones delictivas, entre ellas, las pandillas juveniles, ascendidas a la categoría de amenaza regional y transnacional.

En diversas ocasiones, el Comando Sur de los Estados Unidos ha hecho incidencia alrededor de esta agenda, la política oficial del gobierno estadounidense para el tratamiento de pandillas en el ámbito regional, incluye la participación del sector Defensa Nacional. Recientemente, el Centro Hemisférico de Estudios de Defensa Nacional, realizó en El Salvador un Taller de Defensa Nacional, en el cual se abordó el papel del ejército en funciones de seguridad interior.

La mezcla de presión del público y de los medios, la necesidad de respuestas y el favorecimiento mediático de la agenda de la militarización, forzaron, a mi forma de ver, el desenlace de la decisión presidencial de incrementar, durante 180 días, el número de efectivos en tareas de seguridad pública, con un ingrediente adicional: la autonomía de las labores militares respecto del mando policial, es decir, que el despliegue de efectivos militares patrulla, realiza controles de vehículos y de personas sin control o guía policial, así como también realiza capturas. No obstante lo anterior, el Presidente incorporó en la iniciativa la rendición de cuentas a la Asamblea Legislativa en los términos establecidos en la Constitución y que no se había implementando antes.

Al asumir que este despliegue militar se rige por las disposiciones constitucionales, entonces, debemos presumir que también se estaría aceptando que se cumplieron los presupuestos constitucionales: el agotamiento de los medios ordinarios y la necesidad de restablecimiento de la paz interna.

Personalmente creo que dichos medios ordinarios no se habían agotado, por el contrario, no se había implementado el régimen de disponibilidad policial y, por otro lado, la segunda quincena de octubre tuvo un promedio de nueve homicidios al día, en contraste con la primera quincena en la cual el promedio fue de dieciséis y fue esta lamentable coyuntura la que terminó dando el empujón a la decisión de militarizar la seguridad pública. Cuando el ejército se incorpora, el promedio ya había descendido, pero el Ministro de Defensa atribuye dicho descenso a la participación del ejército.

Un punto de análisis desde las políticas públicas es el establecimiento de los pros y contras de la decisión tomada y sus eventuales consecuencias. A continuación mis perspectivas:

A favor:
  • Mejora la imagen del gobierno frente a la gente.
  • Mayor presencia de uniformados en el territorio favorece la sensación o percepción de seguridad de la gente y disuade la comisión de ciertos hechos delictivos.
  • La acción redujo la presión mediática y pública en esta materia sobre el gobierno y permite a las autoridades de seguridad pública aprovechar el espacio para desarrollar sus iniciativas.
En contra:
  • Es la versión corregida y aumentada de una medida más propia de la derecha política: "Más de lo mismo"
  • Devalúa la institucionalidad establecida y reinstala el clivage del militarismo en la agenda pública de las políticas de seguridad en particular, y de la militarización de la sociedad en general, en lugar de avanzar hacia su superación, en cumplimiento con el modelo centroamericano de Seguridad Democrática.
  • Contribuyó a deteriorar la ya golpeada imagen del sector seguridad pública.
  • Se favorecen los intereses de los sectores más conservadores y autoritarios que siempre estuvieron en contra del proyecto de reforma policial y propugnaban por mantener el control militar de la seguridad pública.
  • Es como meterse en Irak: una vez adentro ¿cómo salir? Cerca del cierre de la intervención militar, veremos casi con seguridad, una agenda mediática para prolongar la medida, además de las peticiones de ciudadanos que la apoyen.
  • Rechazo de la medida por sectores progresistas afines, socios o aliados tanto en el nivel nacional como internacional.
  • Puede tener efectos perversos como el Plan Mano Dura: su ritmo no es sostenible a mediano y largo plazo, la visión cortoplacista y la presión territorial, expande el delito a otros lugares y estimula la sofisticación de la delincuencia; genera un descenso rápido, pero su duración es efímera y se revierte de manera más gravosa, tal como sucedió luego de los planes de Mano Dura.
  • La presencia del ejército si bien puede tener efectos disuasorios, también puede ser provocativo de un incremento de la violencia como desafío a las autoridades (ya hubo un homicidio en distrito Italia, bajo las narices del ejército) o como un atentado contra las mismas.
  • La falta de entrenamiento e inexperiencia del ejército puede provocar violaciones a los derechos humanos de la población. De hecho, ya hay reportes.
  • Tal como ha sido manejado por los medios de comunicación, se da una imagen de falta de integración del gabinete o la existencia de agendas paralelas.
Haga usted su balance.

16 de noviembre de 2009

Libro: ¿Qué hacer con las pandillas?


Dejo con ustedes el enlace para descargar el libro ¿Qué hacer con las pandillas? editado por Gino Costa y Carlos Romero, publicado por la organización Ciudad Nuestra de Perú en 2009.

8 de noviembre de 2009

Las otras inseguridades: vulnerabilidad y exclusión social

"Y si de justicia se trata y de encontrar las causas de nuestros males, yo creo que el nuevo gobierno no debe parar hasta encontrar la última causa que está en la injusticia social." Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Homilía 25 de noviembre de 1979


Escribo estas líneas cuando el conteo oficial de las víctimas por las recientes lluvias provocadas por el paso del huracán Ida asciende a 124 y se estiman otros 60 desaparecidos a causa de los estragos, así como miles de damnificados que perdieron sus viviendas o bienes.

La madrugada del día 8 de noviembre, enlutó aún más a la sociedad salvadoreña. Tal como lo expuso el Presidente Funes, esta tragedia, causó más daño en El Salvador, que el huracán Mitch en 1999. Cuatro horas de lluvia bastaron para causar más daño que en aquel entonces causaron cuatro días de precipitaciones.

Una vez más los ayes de la vulnerabilidad pesan sobre el estado salvadoreño. La destrucción del ecosistema, un modelo de desarrollo destructivo, aunado a un crecimiento poblacional desordenado y mal uso del suelo, son factores que explican el gran impacto de los desastres en la vida de la población.

La exclusión de amplios segmentos poblacionales por la pobreza, el desempleo y la ausencia de políticas sociales estructuradas y amplias (llevadas a su mínima expresión por 20 años de gobiernos de signo neoliberal) contribuyen substancialmente a incrementar el impacto de los desastres naturales al arrojar a las personas necesitadas o de menores ingresos a vivir en lugares no adecuados y propensos a ser afectados seriamente por todo tipo de fenómenos naturales.

Esta tragedia, marca, dramáticamente, el ineludible desafío y compromiso que debe asumir el presente gobierno en aras de sentar las bases de un sistema de protección social que reduzca esos niveles de exclusión, así como a fomentar un modelo de desarrollo más comprometido con el ambiente.

Espero que esta dura lección cause efectos en la Asamblea Legislativa: recientemente, en el marco de la discusión sobre el proyecto de Ley Ordenamiento Territorial, pese a haber un dictamen favorable de la comisión legislativa que estudió el documento, la aprobación se vio detenida por la moción del diputado Rodolfo Parker -abogado cercano al gran capital- para evitar que la ley pueda determinar la designación de zonas protegidas o restringidas a la construcción.

Ojalá aprendamos que de seguir regateando con el ambiente, los costos se pagan con la vida, integridad y posesiones de las personas, particularmente, de las más necesitadas.

4 de noviembre de 2009

Sobre maras, pandillas y la academia: ¿Qué es lo que sabemos?

Transcribo un interesante intercambio que sostuve con la doctora Sonja Wolf, estudiosa del fenómeno de las pandillas, particularmente en El Salvador (su tesis doctoral -realizada con una amplia investigación de campo- versa sobre alternativas de intervención sobre esa materia)

El intercambio se originó a raíz de la búsqueda de antecedentes de una supuesta "especialista" argentina en la cuestión de las maras. Lo dejo a continuación:

Sonja Wolf ¿Alguien ya conoce este libro sobre las "maras" y sus "embriones" en Argentina?

Fuente: sociedadymedios.blogspot.com
Socióloga, especialista en la problemática de Las Maras en Centroamérica y su estado embrionario en Argentina. Analista de Televisión. Columnista de: Total News Agency. A.N.A News Agency (New York). Opiniones de Vanguardia (Montevideo/Uruguay).



Edgardo Alberto Amaya Cóbar
No sé si reír o llorar... Esta "especialista" me atrevo a pensar que jamás ha puesto un pie en centroamérica... ni ha hablado con pandillero alguno. No le hagas publicidad no merecida a alguien que precisamente se monta en un "tema de moda" para promocionarse.

Sonja Wolf
Si, acabo de encontrar un artículo suyo y me pareció bastante raro. Hay especialistas y hay "especialistas"...

Edgardo Alberto Amaya Cóbar
Los únicos especialistas en esto son los mareros y los pandilleros... los demás son (somos) curiosos con alguna información...

Sonja Wolf
Espero que no. Es el argumento que defiende Homies Unidos y qué saben o proponen ellos para controlar el problema de las pandillas?

Edgardo Alberto Amaya Cóbar
Claro, eso es otro extremo, el de quien se propone monopolizar el tema con fines distintos al que mencionas. Pero hay que hacer un ejercicio socrático sobre el asunto ¿Qué sabemos? y ¿Cómo lo sabemos? Poveda se metió en el barrio y convivió allí y presentó un resultado valioso, con un objetivo claro: sensibilizar. Pero ¿donde está la producción de conocimiento más etnográfico? Es un desafío difícil pero pendiente. Los estudios basados en encuestas pueden ser útiles, pero, perdón por mi suspicacia: realmente se reponde con honestidad? y, de ello, qué nos dice realmente sobre las maras.

Sonja Wolf
De acuerdo. Pienso que los que queremos investigar el tema sí podemos lograr una aproximación a ello, no tenemos que haber sido pandilleros para entender algo del tema. Lo que hizo Christian debería servirnos como ejemplo, pero el problema se ha vuelto tan complicado y peligroso que me temo que ya no se puede hacer un trabajo etnográfico en muchas de las comunidades afectadas. Siempre será mejor una combinación de métodos. Las encuestas pueden servir, aunque el uso de cualquier método siempre dependará de lo que quieres saber. También creo que los estudios iniciales que se hicieron en El Salvador sí han sido valiosos, pero últimamente ha habido más reciclaje de información y especulación que verdaderas investigaciones. Es hora de enfrentar este reto, pero creo que actualmente nadie saber cómo hacer buenas investigaciones sobre las pandillas sin arriesgar (perder?) la vida.

Edgardo Alberto Amaya Cóbar
That is the question...

(Correo adicional a la discusión:
Edgardo Alberto Amaya Cóbar El 04 de noviembre a las 16:05
El tema de los expertos viene de charlas con JR. que me decía que a pesar de conocer a varios miembros de pandillas de larga data, no se atrevía a decir que supiera mucho sobre las pandillas, yo comparto esa opinión. Al padre Toño y el padre Pepe -en ambos extremos- no creo que les guste, pero ellos tampoco son académicos ni trabajan para producir conocimiento sistemáticamente, sino que se valen de sus experiencias personales, muy valiosas, pero no sistematizadas ni confrontadas con otro conocimiento.

Más allá de una serie de hipótesis más o menos probadas sobre sus orígenes sociales, lo que sigue son resultados de encuestas que arrojan algunos datos. Más allá de eso, no hay un conocimiento que desvirtúe contundentemente el "conocimiento policial" de la materia y sus tecnologías y esa ausencia permite la instalacion de la versión oficial en los medios y agenda pública.)

Sonja Wolf
Si, la ausencia de buenas investigaciones crea este problema de la hegemonía del discurso oficial. Me parece curioso que las investigaciones en El Salvador ni siquiera hacen referencia a la literatura sobre pandillas que existe en otras partes - así se podría refutar la tesis, p.ej. que las pandillas son crimen organizado. Esto se repite hasta la saciedad y no tiene sentido. Personas como el Padre Pepe, pues, hasta la fecha se les ha dado demasiada confianza. Se dan esta imagen de expertos, pero generalizan demasiado. En el Polígono ni siquiera hay pandilleros, pero todo mundo le pinta como centro modelo de rehabilitación sin previamente averiguar que es lo que el Padre está haciendo y a quién sirve realmente. Siento que en El Salvador faltan muchos conocimientos tanto sobre las pandillas como sobre programas y políticas de pandillas - ejemplo CNSP: no saben qué están haciendo, y el aporte de Aida Santos parece que tampoco sirve.


Edgardo Alberto Amaya Cóbar
Totalmente de acuerdo, pero también hay que señalar que algunas iniciativas sufren de falta de difusión debida y discusión, como el reciente libro de Wim Savenije que a pesar de resumir muy bien la evolución cronológica de las visiones del fenómeno (oficiales y académicas) y repleto de entrevistas, no ha tenido una recepción entusiasta.

Sonja Wolf
Sí, lo mismo aquí en México. Publican pocas copias de un libro y luego tiene poca difusión. Muy lamentable. El inglés y los trabajos redactados en este idioma prevalecen en el mundo académico.


2 de noviembre de 2009

Día de los muertos

EL DESCANSO DEL GUERRERO

Los muertos están cada día más indóciles.

Antes era fácil con ellos:
les dábamos un cuello duro una flor
loábamos sus nombres en una larga lista:
que los recintos de la patria
que las sombras notables
que el mármol monstruoso.

El cadáver firmaba en pos de la memoria
iba de nuevo a filas
y marchaba al compás de nuestra vieja música.

Pero qué va
los muertos son otros desde entonces.

Hoy se ponen irónicos
preguntan.

Me parece que caen en la cuenta
de ser cada vez más la mayoría!


Roque Dalton, Taberna y otros lugares

26 de octubre de 2009

[El Salvador] Militarización de la Seguridad Pública o de “policías y ladrones” a “soldados y ladrones”

La idea de incorporar de manera más activa al ejército en tareas de seguridad pública se mantiene en agenda salvadoreña con mucha fuerza. Tanto interés ha generado la iniciativa que recientemente se llevó a cabo un taller sobre el tema dirigido por el Centro de Asuntos Hemisféricos de la Defensa Nacional con sede en los Estados Unidos.

Las declaraciones del ministro de la Defensa Nacional mencionan una eventual ampliación de las facultades coercitivas a los militares en el marco de su actividad de apoyo a la seguridad pública. Incluso, llega a ofrecer metas de reducción de delitos de un 10% en seis meses.

Sobre la base de un contexto marcado por la emergencia, se invisibilizan otros aspectos de gran trascendencia como la vigencia de los mecanismos constitucionales para el uso de la Fuerza Armada en tareas de seguridad interna, y en general, la necesidad de fortalecer el rendimiento institucional antes que promover su desnaturalización. El Dr. Antonio Martínez Uribe plantea estas cuestiones substanciales en una reciente columna (aunque no comparto su tajante afirmación de que el control civil de la seguridad ha fracasado en todas partes)

Las discusiones centrales en este tema tienen que ver con la decisión política de confiar o no el control de la seguridad a autoridades civiles como lo manda la Constitución, o si, paradójicamente, un gobierno del que forma parte la exguerrilla dará continuidad a la inercia histórica autoritaria y cederá a las presiones geopolíticas para devolverle un rol protagónico a las Fuerzas Armadas.

Se ha dado por sentado y con mucha facilidad que la situación ha rebasado los medios ordinarios, sin embargo, no parece que éstos se hayan agotado aún, falta tomar medidas de mayor operatividad policial como la implementación del régimen de disponibilidad (y no el acuartelamiento como lo sugiere el PCN) Tampoco ninguna autoridad responsable en la materia ha oficializado dicho supuesto como para fomentar el tema en agenda, por lo que su promoción en agenda responde a intereses sectoriales o particulares de los que siempre rechazaron el modelo policial surgido de los Acuerdos de Paz.

Adicionalmente, la sugerencia de dotar de facultades coercitivas a los militares ignora la existencia de condicionamientos constitucionales: La FGR y la PNC son las entidades encargadas de la aplicación de la ley según la Constitución, agregar a otro actor en la materia no sería coherente con el mandato constitucional.

En segundo lugar, como se ha señalado por diferentes actores: los militares son formados para actuar en un contexto blanco y negro (amigo-enemigo) y no en uno gris, como el que cotidianamente enfrentan las fuerzas policiales. Además: ¿quién dice que el control militar de la seguridad pública ha sido efectivo en El Salvador? Este país ya era reconocido como uno de los más violentos del continente desde finales de la década de los sesenta según OPS y lo que vino después fue peor.

La discusión generada por esta agenda de militarización, lejos de elevar la calidad de los argumentos y análisis desde una óptica de políticas públicas de seguridad, las devalúa y minusvalora. En ningún momento se ven planteamientos técnicamente fundamentados sobre las necesidades operativas de la PNC, por el contrario, los datos existentes no dicen que esta fuerza policial es, según un reciente estudio de USAID sobre la policía salvadoreña: la de mayor cobertura poblacional de Centroamérica en razón del número de policías respecto de la población, la Policía con el presupuesto más alto de la región, la policía con la mejor tecnología de la región y la Policía con los niveles educativos más altos de su personal.

Con estos elementos, una propuesta incrementalista como la de meter al ejército es de un simplismo muy pedestre y termina obviando y apartando de la discusión las razones y mecanismos por los que la operatividad policial puede ser mejorada en su rendimiento. No poner esto en discusión es dejar el problema instalado y crear uno nuevo con el manejo de los militares en la seguridad.

21 de octubre de 2009

Histeria colectiva y democracia

(publicada en Contrapunto el día 20 de octubre de 2009)

Edgardo A. Amaya Cóbar*

San Salvador, 19 de octubre. Durante días previos se venía acumulando tensión sobre una supuesta amenaza de grupos pandilleriles que habrían establecido un “toque de queda” en diferentes puntos del país. La amenaza había circulado por correos electrónicos en términos poco claros y algunos medios le dieron difusión, al tiempo que eran desmentidas por autoridades policiales y se señalaba que era una campaña de miedo con segundas o terceras intenciones.

Es necesario comprender de que vivimos en el país del “dicen que…” (entropía comunicativa por excelencia) para adivinar las dimensiones del impacto que dicho rumor tuvo. Muchas escuelas, oficinas y negocios cerraron anticipadamente, empresarios del transporte también finalizaron jornada con muchas horas de anticipación. Es difícil saber la magnitud total que tuvo la supuesta amenaza, lo cierto es que logró en buena medida su objetivo: intimidar y lograr fortalecer el peso simbólico de la inseguridad, llevándola a niveles cuasi apocalípticos y en estas condiciones, se da una suerte de fenómeno contradictorio por el cual, los efectos ocasionados por el rumor se convierten para algunos en la prueba de su veracidad:”era cierto porque la gente obedeció”.

El rumor cayó en el suelo fértil de la inseguridad colectiva. Más que una amenaza real y creíble, lo que fue efectivo en este caso es la carga simbólica que han alcanzado las pandillas en el imaginario social. Para remacharlo, cualquier hecho de violencia que se suscitara, sería automáticamente relacionado al supuesto “toque de queda” y con ello solo se fortalecería el peso simbólico de las pandillas y se incrementaría la inseguridad subjetiva de la colectividad.

Además de los costos económicos y humanos de la situación generada por este rumor, existen claros costos políticos: se favorece el proceso de deterioro de la imagen al que han sido sometidas las autoridades de seguridad pública. Sin embargo, la cuestión no se reduce a ese debilitamiento de imagen de x o y funcionario: se refiere a la vigencia de la institucionalidad y el apoyo al sistema.

Desde hace años, los estudios de cultura política en la región como Latinobarómetro o el Barómetro de las Américas vienen señalando el grave riesgo de que el miedo a la inseguridad termine socavando la vigencia del régimen democrático y sus instituciones y promueve la aparición de caudillos autoritarios o de prácticas claramente contrarias al estado de derecho como respuestas desesperadas contra la inseguridad, las que irían desde la reducción de derechos y libertades, militarización de la seguridad, hasta ejecuciones, linchamientos y otro tipo de comportamientos extralegales. Como bien lo ha dicho Eduardo Galeano: “Los asustados pueden ser más peligrosos que el miedo que los asusta”.

Por lo anterior, me parece que la circulación del rumor que generó este estado de paranoia e histeria colectiva es sospechosa, no solo por sus intenciones inmediatas: generar miedo y acelerar la desesperación de la gente, sino por las de largo plazo: como el favorecimiento de intereses económicos de determinadas mafias que quieren controlar territorios o sectores, o estimular la creación de un terreno fértil para la inestabilidad política o una ruptura del Estado de Derecho, en el más grave de los casos.

Otra sospecha es relativa a la autoría de la amenaza, si esta verdaderamente se originó desde alguna pandilla, un bromista o si es una maniobra pensada desde el escritorio de algún actor político. Talvez suene a conspiracy theory, pero no parece casual que esto suceda justo en el momento en que se discuten trascendentales decisiones gubernamentales en materia de seguridad y en el que el principal partido de derecha sufre una fuerte división interna que lo debilita y cuyos alcances han salpicado al partido en el gobierno. Si bien, no se deben cerrar las posibilidades, también se debe ser suspicaz sobre las mismas.

*Abogado y colaborador de Contrapunto
Blog: http://seguridadyjusticia.blogspot.com

Informe: Victimización y percepción de inseguridad en El Salvador 2009

El Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA (IUDOP) presentó este día su informe Victimización y percepción de inseguridad en El Salvador 2009. El cual contiene valiosa información para complementar el análisis sobre la realidad delincuencial en el país.

Pueden ver el boletín de prensa que resume el informe aquí y el informe completo aquí.

20 de octubre de 2009

Informe Regional de Desarrollo Humano 2009-2010 PNUD

El día 20 de octubre, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó en El Salvador su Informe de Desarrollo Humano para Centroamérica 2009-2010: "Abrir espacios a la seguridad ciudadana y el desarrollo humano". El texto de dicho informe se puede descargar desde aquí.

Cumplimos cuatro años!!!

Muchas gracias por sus visitas y comentarios en este tiempo.

19 de octubre de 2009

Homicidios y gestión de la seguridad: alternativas

Hasta aquí las hipótesis sobre la crisis actual de homicidios. No son todas, pero la pregunta que sigue es: ¿Es posible salir de este contexto tan crítico?
Sí, lo es y existen evidencias de que es posible reducir el impacto de la violencia en la sociedad partiendo de las condiciones existentes en ciudades latinoamericanas. Casos como los de Bogotá, Medellí y Calí en Colombia, Sao Paulo e incluso, -a pesar de las noticias recientes- Rio de Janeiro, en Brasil, han logrado una reducción significativa del impacto de la violencia letal en años recientes.
En el caso colombiano, la participación activa de los gobiernos locales, la coordinación interinstitucional en todos los niveles de gobiernos y una estrategia de seguridad de “entrar-controlar-quedarse” logró reducir significativamente el impacto que la violencia tenía en ciudades otrora consideradas insalvables de las manos del narco como Calí y Medellín.

En Brasil, un aporte importante en la reducción de la violencia armada lo dio la aprobación del denominado “Estatuto del Desarme” por el cual se prohibió, bajo la amenaza de graves sanciones, la portación de armas en espacios públicos, así como medidas tributarias de control del comercio de armas y procesos de sensibilización y desarme de población. En Rio, desde la implementación del estatuto, se habría reducido en un 18% las muertes por armas de fuego, lo que se traduce en 6 mil vidas.

Es posible salir del estado actual, pero ello requiere no solo voluntad política sino también, creatividad, propuestas y compromiso de toda la sociedad para poder echar a andar iniciativas orientadas a pacificar la sociedad salvadoreña.

Homicidios y gestión de la seguridad: hipótesis 4

Hipótesis 4: Otra de las cuestiones relacionadas con el cambio de las reglas de la violencia son las consecuencias de las políticas de manodurismo y énfasis en las maras o pandillas.

Las pandillas no solo se volvieron más sofisticadas para evadir el control policial, sino que también, la concentración en la cárcel de sus líderes terminó fortaleciendo su capacidad de acción coordinada y de intercambio de información y experiencias. Si antes se consideraban como “outsourcing” del crimen organizado, una vez fortalecidos estuvieron en la capacidad de hacerse la siguiente pregunta: ¿por qué hacer el trabajo sucio si podemos tener el negocio? Y con ella, la incursión a nuevas actividades delictivas por parte de algunos de sus miembros, el caso más notorio es el de la extorsión.

Pero la concentración de cabecillas en centros penitenciarios generó un efecto no deseado en las propias pandillas: el divisionismo y la eventual pérdida de control del liderazgo tradicional frente a uno más joven que surge en el exterior de los muros penitenciarios, más violento y desafiante, incluso, frente a los más antiguos, lo que ha generado un proceso de pugnas y purgas internas que añaden cifras al conteo mensual de homicidios.

Las extorsiones también se han convertido en foco de conflictividad: como en toda organización, el reparto o disposición de los recursos es una de las principales y más frecuentes causas de conflicto y los “ajusticiamientos” que se dan en el marco de pugnas por el control de los recursos son un aspecto particular de esta dinámica.