Ideas y debates sobre seguridad pública, justicia, gestión de violencia y política criminal. Opiniones estrictamente personales.
24 de marzo de 2007
Descarga: Estado de la relación entre la Fiscalía General de la República y la Policía Nacional en el marco de la investigación criminal
20 de marzo de 2007
El retorno de la ILEA
En el año 2005, el gobierno de El Salvador suscribió con el gobierno de los Estados Unidos un convenio para la instalación en nuestro país de la Academia Internacional de Aplicación de la Ley (Internacional Law Enforcement Academy, ILEA, por sus siglas en inglés) convenio que fue posteriormente ratificado por la Asamblea Legislativa de El Salvador. Este convenio generó múltiples acciones de rechazo o cuando menos, llamados previos de prudencia, pero en general, de poco impacto en la agenda mediática, lo que facilitó su ratificación sin mayores problemas ni debate por la derecha política en la Asamblea Legislativa.
Diversas organizaciones, actuando de manera conjunta, elaboraron un comunicado que resumía las razones de oposición a dicha iniciativa por parte de un sector de la sociedad civil.
No obstante lo anterior, debe destacarse que en el ámbito de la sociedad civil, la visión de oposición no era unánime y en este marco, se supo que una destacada organización de Derechos Humanos local, brindaría servicios de capacitación sobre esta materia a la ILEA, lo que generó cuestionamientos hacia su papel, muchos de ellos bastante intolerantes. Una vez pasada la coyuntura, luego de la ratificación del tratado por la derecha política en la Asamblea, la coyuntura desapareció de la agenda pública y recién reapareció en marzo de 2007 luego de que la Asamblea Legislativa aprobara un fondo de 110 mil dólares para financiar infraestructura de la ILEA en El Salvador.
Personalmente creo que las razones presentadas por el comunicado antes citado siguen siendo válidas y vigentes. Y también creo que se agrava con el alineamiento de la subregión a las políticas de endurecimiento contra las pandillas que fueron anunciadas en la reciente visita del Fiscal General de los Estados Unidos, Alberto González.
15 de marzo de 2007
Invitación a conversatorio sobre corrupción y crimen organizado

Asociación Probidad invita al conversatorio sobre
“Corrupción y crimen organizado: policías implicados en crimen
de diputados salvadoreños”
El objetivo de este conversatorio es generar un ambiente de discusión entre conocedores del caso, público en general y quienes de alguna manera le han dado seguimiento al mismo para poner la información en perspectiva y reflexionar sobre puntos que no han sido considerados en la información divulgada.
A este evento han sido invitados como expositores: Carlos Dada, director del periódico El Faro, David Morales, abogado, especialista en Derechos Humanos y ex.-Procurador Adjunto de la Procuraduría de Derechos Humanos, un representante de
El evento se desarrollará de la siguiente manera:
Lugar: Auditórium de FESPAD. 25 Calle Pte. No. 1332, Col. Layco, San Salvador
Fecha: viernes 16 de marzo de 2007
Hora: 4:00 p.m.- 7:00 p.m.
Para mayor información sobre el evento puede comunicarse con Lic. Abraham Ábrego al teléfono 2236-1800 o correo electrónico abrahamabrego@navegante.com.sv
14 de marzo de 2007
Centros penales: sin seguridad ni director a quien exigirle explicaciones

FESPAD-CEPES
El miércoles 28 de febrero renunció el director de Centros Penales, Jaime Vilanova Chica, por la falta de aprobación de un préstamo de $30 millones para la modernización del sistema penitenciario, la cual especificó en la finalización de la construcción del centro penitenciario en Izalco, la compra de detectores de metales y de bloqueadores de celulares, entre otros.
Al hacer pública su renuncia el ex- director manifestó: "para que no nos pase como a Guatemala, nosotros necesitamos el préstamo de los 30 millones de dólares" [1] refiriéndose al asesinato de cuatro policías el pasado 25 de febrero en un centro penitenciario de Guatemala. Los agentes eran investigados bajo la sospecha de ser autores mediatos del homicidio de tres diputados salvadoreños ante el PARLACEN y del colaborador de uno de éstos. Sin embargo, esta renuncia ocurre a menos de dos meses de la matanza de 21 internos en el centro penitenciario Apanteos (Santa Ana), la cual le mereció fuertes cuestionamientos por la poca seguridad al interior de las cárceles.
El préstamo requerido para el sistema penitenciario es uno de varios financiamientos ofrecidos por el Banco Mundial -BM- y el Banco Interamericano de Desarrollo –BID-, que totalizan más de $400 millones distribuidos en 8 préstamos.
El partido de gobierno, Alianza Republicana Nacionalista –ARENA-, impulsa la aprobación de los préstamos a través del cabildeo en la Asamblea Legislativa, entrevistas, spots publicitarios e incluso por medio de manifestaciones en zonas rurales.
Los niveles de endeudamiento público son percibidos por algunas organizaciones de la sociedad civil como excesivos, sin embargo, el gobierno central impulsa la aprobación de más préstamos y cuenta con el apoyo del presidente del BID, Luis Moreno, quien ha visitado al país en abril 2006 y en marzo 2007.
La aprobación de préstamos internacionales requiere de los votos de dos tercios de los diputados electos según el Art. 148 inciso 2° de la Constitución (56 votos), por lo que se hacen necesario el apoyo del partido de izquierda, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional –FMLN-, el cual ha mantenido la política de no apoyar más endeudamiento para el país.
De las ofertas de los ocho préstamos, tres tienen como fecha de vencimiento el 4 de abril próximo, los cuales ascienden a un monto total de $197 millones. Por lo anterior, la discusión de su aprobación ha sido programada para la sesión plenaria de la Asamblea Legislativa el próximo jueves 15 de marzo.
En estas pugnas por la aprobación de los préstamos, Vilanova se une a la campaña gubernamental, renunciando por la falta de aprobación del préstamo; asegura que no puede asumir las responsabilidades futuras de una institución que carece de fondos suficientes para realizar sus funciones. Sin embargo, esta carencia de recursos resulta ser la salida más diplomática para eludir responsabilidades pasadas. ¿Quién dará cuenta de la vida de los 21 internos muertos?
13-03-2007
9 de marzo de 2007
Las puertas del crimen organizado
Por Edgardo Alberto Amaya Cóbar
Otro aspecto crucial para proteger la institucionalidad de los efectos perversos de la corrupción y la criminalidad organizada es el establecimiento de sistemas de control y transparencia de la financiación de los partidos políticos, para transparentarlos y prevenir que grupos criminales estén “comprando” cuotas al interior de estas instituciones, con vistas a lograr influencia o cargos políticos y, de esta manera, manipular o manejar la institucionalidad a favor de sus intereses. Pese a existir una propuesta de Ley de Partidos Políticos, ésta se ha visto bloqueada, entre otros motivos, por la negativa de diversos partidos a revelar sus formas de financiación.
4 de marzo de 2007
Siembra truenos...
Es lamentable comprobar que las viejas prácticas policiales: torturas, extorsiones, ejecuciones extrajudiciales, corrupción, ineficacia y un largo etcétera, reaparecieran en la nueva PNC.
Desde su creación, en 1996, se criticó que los riesgos del reciclaje de antiguos policías, presupuesto insuficiente, la ínfima capacidad de investigación criminal, la designación de directores sin respetar la carrera policial, la insuficiencia en la formación y la mezcla entre militares y policías, entre otros desaciertos, acabarían por destruir la expectativa creada por los acuerdos de paz de contar con una institución que protegiera los derechos elementales.
Lo hecho por los gobiernos de Arzú, Portillo y Berger pone de manifiesto que la creación de una institución policial civil con capacidad para enfrentar a las distintas manifestaciones del crimen violento, nunca fue una prioridad en sus políticas.
La debilidad de la institución y la tolerancia por parte de algunos fiscales y jueces, llamados a controlar sus excesos, son algunas de las causas por las cuales estamos cosechando frutos amargos.
La toma violenta de Pavón, la muerte de los diputados salvadoreños y el asesinato de los policías acusados de este último hecho dentro de una cárcel ponen de manifiesto que dentro de la PNC operan escuadrones de la muerte, sin ninguna diferencia de la temible policía secreta que magistralmente se relata en el Señor Presidente, o para no ir tan lejos, al estilo Chupina en la época de los ochenta.
Estos hechos son los que se conocen públicamente, pero si se realizara una revisión exhaustiva, es muy probable encontrar respuestas al incremento desmedido de muertes en los últimos tres años, a lo que en forma denigrante le denominan “limpieza social”, con el fin de “acabar” con la delincuencia.
Las reiteradas denuncias puestas de manifiesto por la sociedad civil y por el procurador de los Derechos Humanos siempre han sido vistas con desconfianza o sin la importancia debida. Desde la creación de la PNC, la respuesta gubernamental frente a la crisis policial es repetitiva y monótona: “se necesita una respuesta inmediata”, por lo que es imperativo “militarizar las fuerzas de seguridad”.
Si revisamos la historia de nuestras instituciones policiales, incluso de la PNC, comprobaremos que su conducción ha estado total o parcialmente en manos de militares. Cincuenta años de fracaso no son una buena carta de presentación para delegar en la milicia la conducción policial.
Por el contrario, este tipo de decisiones impide la conformación de una cultura digna policial, de acuerdo con su naturaleza civil, y perjudica al Ejército, pues no está capacitado para tales fines.
Colaborar no es lo mismo que subordinar. La crisis actual de la PNC es una oportunidad para cambiar de rumbo. No podemos seguir aplicando medidas tradicionales y esperar resultados distintos.
*Analista del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala (ICCPG)
1 de marzo de 2007
Desde la literatura
Hace algunos días, este fragmento me encontró. Ahora lo comparto con ustedes...
Emilia Gallegos
26 de febrero de 2007
Poner barbas en remojo...
En menos de una semana El Salvador y Guatemala se han visto sacudidos por noticias que han generado un gran impacto en las sociedades de ambos países. El lunes 19 de febrero tres diputados salvadoreños y uno de sus guardaespaldas fueron asesinados y quemados en un predio cerca de ciudad de Guatemala. Tres días después, se reportó la captura de cuatro policías, miembros de la elite de investigaciones de la institución policial de ese país, quienes fueron sometidos a proceso penal con detención provisional. Al menos otros tres imputados se reportan como fugados.
También llama la atención el hecho que el comando habría podido entrar sin mayor resistencia y ubicara sin problemas a los imputados para su ejecución. A raíz de los acontecimientos, los internos se amotinaron exigiendo mayor seguridad para sus vidas, por haberse convertido ahora, en testigos de este nuevo hecho.
Este hecho, realizado a la usanza de grupos de crimen organizado o del narcotráfico, revelaría los poderosos intereses en juego y los poderes fácticos involucrados es este caso. Eliminar a los acusados buscaría acallar posibles delaciones posteriores sobre quién o quienes son los autores intelectuales del macabro hecho del pasado 19 de febrero. Esto viene a confirmar una de las líneas de investigación que se inclinaba a que la muerte de los diputados salvadoreños y su guardaespaldas estaría vinculada a un caso de narcotráfico.
Tanto el Presidente Berger como el Presidente Saca han sostenido que los asesinatos del pasado 19 de febrero, fueron producto de una “confusión”, por la que los policías implicados habrían actuado en la creencia errónea que sus víctimas eran narcotraficantes a quienes les robarían un alijo de droga o dinero. Esta hipótesis no ha sido confirmada por los investigadores del caso, tanto de Guatemala como de El Salvador. Incluso, un declarante anónimo de la policía guatemalteca manifestó: “hay vínculos con una organización del narcotráfico conformada por guatemaltecos y salvadoreños, entre ellos un contacto de mucho peso político y económico del vecino país, derivado de un mal negocio, lo cual es imperdonable entre el narcotráfico” (Periódico Siglo XXI, Guatemala 24/02/07)
Con estos hechos, estaríamos asistiendo a las muestras más dramáticas y terribles de cómo el crimen organizado -el de verdad, el que se infiltra en las instituciones gubernamentales y en la clase política- puede procurar su propia impunidad, poner en jaque a un gobierno y en zozobra al resto de la sociedad.
Esto debe llamarnos a una seria reflexión respecto de nuestra realidad. Cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar. Lejos de pensar que El Salvador no padece este mal, por el contrario, debemos preocuparnos por detectar cuál es su nivel de infiltración y suprimirlo, lo cual solo podrá pasar si existe la voluntad política y la independencia de ésta de los poderes fácticos establecidos.
Diputados y autoridades del partido en el gobierno y otros representantes de la derecha política han hecho alharaca de la nueva Ley contra el Crimen Organizado y Delitos de Realización Compleja, la cual, solo regula tres delitos: homicidio agravado, secuestro y extorsión cometidas por dos o más personas. Como ya lo hemos expresado antes: Lejos de combatir el crimen organizado “de verdad”, parecería que le favorece, excluyéndolo por decreto.
Estos hechos demuestran que sin mecanismos de auditoria y transparencia –objetiva e independiente- de la función pública, sin fuerzas de seguridad e instituciones de justicia integras, sin mecanismos de auditoria sobre el financiamiento de los partidos políticos, sin fortalecimiento de la inteligencia policial y fiscal, una ley tan mal elaborada, y ajena a esta realidad, como la del Crimen Organizado, muestra con toda evidencia, su superfluidad y su carácter improvisado de marketing político y no como una respuesta realista al fenómeno que comentamos.
24 de febrero de 2007
Cría cuervos...
El asesinato, el pasado 19 de febrero, en Guatemala, de tres diputados salvadoreños al PARLACEN y del guardaespaldas que les acompañaba, ha conmocionado a la sociedad centroamericana y particularmente a la guatemalteca y salvadoreña, no solo por la crueldad de su ejecución sino también por los primeros resultados de las investigaciones y los probables móviles.
La reacción de los gobiernos ha sido impresionante y, por qué no decirlo: inusual. Ha sido sorprendente tal nivel de eficacia e igualmente sorprendente el señalamiento de las investigaciones –en el plazo de tres días- sobre la participación, de al menos seis elementos elites de investigaciones de la policía guatemalteca, cuatro de los cuales han sido ya capturados y sometidos a proceso con abundante evidencia incriminatoria testimonial, documental y científica. Esto, en países donde los niveles de impunidad del delito de homicidio superan el 90%.
Para una gran parte de la ciudadanía guatemalteca o para personas medianamente informadas sobre la realidad de ese país, la sorpresa no es quizás tan impactante, en el peor de los casos solo sería la confirmación de una corazonada, dados los persistentes y continuos señalamientos hacia miembros de este cuerpo de seguridad sobre su participación en actividades delictivas a todo nivel, graves violaciones a los derechos humanos, actividades de exterminio y participación en estructuras de crimen organizado y narcotráfico, sin agregar la sospecha sobre su vinculación con los asaltos en las carretera a ciudadanos salvadoreños que visitan dicho país.
Antes de este hecho, en el año 2005, importantes jefes antinarcóticos de este cuerpo policial fueron apresados en Estados Unidos por participar en estructuras de narcotráfico, lo que estaría indicando, un nivel de intervención del crimen organizado en esta institución a un nivel de metástasis que pone en crisis la legitimidad no solo de la policía sino del Estado mismo y de su capacidad de hacer cumplir su propia legalidad. La pregunta entonces es: ¿Cómo es que este enquistamiento del crimen organizado se dio y se desarrolló ampliamente en la institución?
Las explicaciones a esta interrogante pueden ser múltiples, pero quisiera señalar algunas puntuales: un defectuoso proceso de reforma policial –derivado de los acuerdos de paz-, sin mayor depuración, la ausencia de estándares profesionales y técnicos elevados, la malas condiciones laborales de sus miembros de los niveles básicos, la debilidad de los sistemas de auditoria institucional ante un sistema político de gestión autoritaria del poder, la corrupción, la impunidad inveterada y la debilidad estructural del sistema de justicia, la permanente influencia de sectores militares -vinculados al pasado más oscuro- en la toma de decisiones sobre seguridad.
A lo que se debe sumar, la influencia del narcotráfico y el crimen organizado en la esfera política, cuyas evidencias más contundentes se reflejan en la cantidad de funcionarios públicos muertos en hechos relacionados con ajustes de cuentas de estas actividades criminales.
Independientemente de los contextos geográficos, estos hechos tan lamentables impactan ahora a sectores normalmente ajenos o indiferentes a la violencia que cotidianamente sufren las mayorías: las elites, que ven resquebrajada su idea de seguridad y resguardo de esa problemática. Usualmente, muchas de las presiones y cambios más importantes en materia de seguridad pueden darse al momento que las elites, que no cuestionan las políticas gubernamentales, al contrario, las apoyan, las azuzan, en ocasiones tolerando el uso de la violencia institucional u otras acciones ilícitas cuando son aplicadas a los otros, pero que no es lo mismo cuando las dimensiones del problema que subestimaron, estalla en sus caras. Cría cuervos y te sacarán los ojos.
La crueldad y la brutalidad de los hechos acaecidos en Guatemala deben servir como una dramática lección de cómo -también en El Salvador- la tolerancia o falta de atención a la impunidad, a la corrupción y al respeto de los derechos humanos por las instituciones estatales pueden generar la cooptación de estas por las estructuras que supuestamente deben combatir. Una vez contaminadas su efectividad y su legitimidad, paulatinamente se van perdiendo hasta genera estados de crisis como los que vive en este momento la institucionalidad guatemalteca.
De este sombrío panorama deben extraerse además, otras lecciones relativas a los procesos de transición que se dieron en Guatemala y El Salvador que tienen que ver con una de las mayores deudas históricas de nuestras sociedades: la superación de la impunidad y el conocimiento de la verdad del pasado bélico. Las elites han argumentado -explícita o implícitamente, por acción u omisión- en ambos países, que el olvido, la impunidad, son el precio para no alterar la paz lograda. Hechos como el que tristemente comentamos han permitido dimensionar nuevamente el dolor, la indignación, la impotencia, la incertidumbre que sufren las víctimas y el deseo de saber la verdad y la aplicación de la justicia.
Todas las víctimas. Todos aquellos que han perdido seres queridos por la violencia. Al igual que las víctimas actuales, también quieren superar la terrible duda que ocupa sus afligidos corazones: donde están, qué les pasó, cómo, por qué. Preguntas que sin sus respectivas respuestas, prolongan la dolorosa agonía que arrastran por años, muchos, hasta su muerte. Responder esa pregunta no debe ser considerado un reclamo caprichoso, un acto de rebelión, una disputa ideológica o partidaria, considerarlo así es inhumano. Buscar la verdad debe ser considerado en su básica dimensión: un acto de humanidad ante las personas que sufren a sus seres queridos.
Otro material de referencia en El Períodico de Guatemala:
Mujeres torturadas por agentes de la policía
Una PNC que recibe órdenes de militares
21 de febrero de 2007
Reseña: "La cultura del control" de David Garland
he publicado en mi blog "Recensiones" la reseña del libro La cultura del control. Crimen y orden social en la sociedad contemporánea, del sociologo David Garland, uno de los estudiosos más importantes del mundo sobre la materia. Les invito a leerla.
15 de febrero de 2007
Organizaciones impiden momentáneamente reconocimiento legislativo a D´Aubuisson
14 de febrero de 2007
El Salvador: en contra de la infamia
Señores Secretarios
Asamblea Legislativa
Nosotros, miembros de la concertación por la paz, la dignidad y la justicia social, expresamos:
Hace casi un mes, los salvadoreños y salvadoreñas conmemoramos el XV aniversario de los Acuerdos de Paz de 1992. Dicho acontecimiento propició un espacio de reflexión en la sociedad sobre los avances del país y los desafíos que se plantean para el futuro en la construcción de una verdadera paz.
Sin duda, algunos objetivos de los acuerdos de paz se han cumplido como el cese del enfrentamiento armado, la creación de una nueva institucionalidad y una mejora substancial del respeto de los derechos civiles y políticos respecto del período bélico, lo cual ha favorecido el que podamos dar inicio a la construcción, todavía muy incipiente, de un proceso de democratización en nuestro país.
No obstante lo anterior, algunos aspectos relevantes de dichos acuerdos -y básicos para el logro de una verdadera convivencia democrática y pacífica-, son aún deudas pendientes por saldar, tales como la reconciliación de la sociedad salvadoreña, la cual, aún a 15 años de finalizado el conflicto sigue siendo un acuerdo incumplido de manera deliberada y en el que muchas personas y familias que sufrieron graves hechos de violencia sobre sus seres queridos, por parte de los contendientes en el marco de la guerra, aún no ven justicia por estos hechos, ni un proceso legal que les de la verdad que buscan conocer, ni una reparación por los daños sufridos.
En este contexto de ausencia de justicia y de verdad sobre los hechos del pasado para miles de salvadoreños y salvadoreñas víctimas directas de la violencia del período bélico, recibimos la noticia de la intención de diputados de esta Asamblea de nombrar como Hijo Meritísimo de El Salvador al fallecido mayor Roberto D’aubuisson Arrieta.
Esta iniciativa nos causa profunda consternación y especial indignación, dados los graves señalamientos realizados en contra del mayor D’aubuisson sobre su participación o autoría intelectual en crímenes de lesa humanidad, graves violaciones a los derechos humanos y otros hechos de violencia -entre ellos, el asesinato del Arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero- y su participación en la organización y accionar de los escuadrones del la muerte; hechos consignados por el Informe de la Comisión de la Verdad, cuyos resultados y recomendaciones fueron truncadas por una ley de amnistía general que favoreció la impunidad de los hechos del pasado bélico, misma que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, diversas instancias de protección de Derechos Humanos de Naciones Unidas así como diversas organizaciones y ciudadanos salvadoreños ha pedido reiteradamente su derogación.
Los señalamientos en contra del mayor D’aubuisson incluyen, además, una supuesta conspiración golpista a inicios de los 80, misma que fue investigada por instituciones oficiales en ese entonces.
Es previsible que los auspiciadores de esta iniciativa y sus seguidores rechacen estos señalamientos. No obstante su reacción, deben comprender y asumir que mientras no exista una investigación real y revelación de la verdad sobre los hechos del pasado, los señalamientos seguirán pesando sobre su memoria.
Creemos que el perfil que debería cumplir cualquier nominado como Hijo meritísimo de El Salvador, además de una trayectoria intachable y sin señalamientos, debería tener como premisa que dicha mención sea del consenso de la sociedad, representada en su pluralidad por la Asamblea Legislativa, dado que la patria nos pertenece a todos y todas. Cualquier imposición mecánica por vía de la mayoría de esta nominación carecería de legitimidad al no representar las opiniones de toda la sociedad.
Resulta tristemente paradójico el hecho que esta iniciativa surja una semana después de que Naciones Unidas solicitara nuevamente la derogación de la Ley de Amnistía para dar paso a las investigaciones sobre las desapariciones forzadas realizadas en el pasado por cuerpos de seguridad y escuadrones de la muerte; y que altos funcionarios de Gobierno han expresado que no cumplirán con tal recomendación.
La polémica impulsada por esta iniciativa, es un claro acto de provocación y demostración de poder de sus promotores, lo cual trasciende el ámbito de la discusión legislativa y tiene consecuencias sociales y políticas que afectan a terceras personas.
La figura del mayor Roberto D’aubuisson, lejos de ser una figura que convoque al consenso, es un factor de confrontación y polarización y la sola iniciativa de hacerle merecedor de semejante distinción constituye una apología a la impunidad y al cierre de caminos para la búsqueda de la verdad y la justicia, así como una ofensa hacia aquellos que aun sufren las secuelas de las injusticias del pasado y que buscan reparación y justicia.
En consideración de lo anterior, las personas e instituciones suscritas manifestamos:
1. Rechazamos la iniciativa de nombrar como Hijo Meritísimo de El Salvador al mayor Roberto D’aubuisson por los graves señalamientos de crímenes y violaciones a derechos humanos en los que habría participado y que no han sido objeto de investigación judicial objetiva, imparcial e independiente para el descubrimiento de la verdad.
2. Exhortamos a la Asamblea Legislativa a retomar las recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Naciones Unidas y entidades locales para que se derogue la Ley de Amnistía de 1993. Así como las recomendaciones a adoptar estándares internacionales de protección de los Derechos Humanos como la recientemente aprobada Convención contra la desaparición forzada de personas.
3. Solicitamos respeto y consideración a las víctimas del conflicto y a sus familiares y dolientes que aún claman por justicia en sus respectivos casos.
(Firmas y sellos)
13 de febrero de 2007
La implementación de la Ley contra el crimen organizado y delitos de realización compleja: mitos y verdades (II)
Por Edgardo A. Amaya Cóbar
A pocos días de entrada en vigencia
Por otro lado, no se han previsto otros aspectos como los impactos que podría tener el funcionamiento de estos tribunales –con una visión claramente punitiva– en el conjunto del sistema penal, principalmente en el ámbito penitenciario, que enfrenta niveles de hacinamiento históricos y elevados niveles de conflictividad interna.
Hay que tener a la vista, además, las repercusiones política que este proceso tiene en el ámbito de la judicatura y del gobierno del Órgano Judicial. La creación de nuevas plazas judiciales ha generado una feroz competencia por ellas, tanto en el nivel interno de la judicatura, particularmente por agrupaciones gremialistas judiciales tradicionales, como en el exterior por parte de abogados. Esto, aunado a la propuesta del magistrado presidente de
El Consejo Nacional del Judicatura ha convocado a un proceso de selección el cual se encuentra abierto tanto para juzgadores como para profesionales del derecho. Esto contradice la tónica de conformación de las propuestas del CNJ, las cuales deberían –tal como se ha venido haciendo– priorizar tanto a los miembros de la carrera judicial a partir de sus méritos, como a los graduados del Programa de Formación Inicial (PFI) de jueces que impulsa el mismo Consejo.
La apertura de esta supuesta selección supone una involución en los procesos existentes implementados y genera sospechas sobre posibles intereses de promocionar a participantes específicos de acuerdo a exigencias ajenas a la función judicial.
En conclusión, hemos sostenido que la aprobación e implementación de la ley que comentamos no responden de manera coherente y eficaz a la problemática real de la criminalidad organizada en El Salvador. Es una legislación técnicamente deficiente y su proceso de implementación es improvisado. El exceso de expectativas generadas casual o intencionalmente sobre ésta, así como las transformaciones en el proceso de selección de las judicaturas previstas por la ley, dejan entrever las motivaciones políticas de su impulso e implementación.